Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 2:10 (RVR60)
Me encanta la palabra “hechura”. En inglés la palabra que se utiliza para hechura significa “obra maestra”. La Biblia dice que usted y yo somos la obra maestra de Dios. Por ejemplo cuando un artista expone en una galería de arte, muestra lo mejor de su creación.
Para Dios, lo mejor de su creación es usted. Recuerde esta verdad cuando se mire en el espejo. Usted es la obra maestra de Dios, el poema de Dios.
Existen distintos tipos de poemas, hay sonetos, hay rimas. Cada uno de nosotros somos un poema de Dios. Hemos sido creados con distintas características para servir a distintas audiencias. Esa es nuestra identidad. Usted es un hijo de Dios, usted es la hechura de Dios. Su identidad está en Cristo. Usted es el depositante de las promesas de Dios.
¿Recuerdan cuando Jesús fue bautizado? Los cielos se abrieron y se escuchó la voz audible del Padre hablar del Hijo. Cuando hablamos del orgullo del Señor yo recuerdo el pasaje donde Jesús fue bautizado:
Desde los cielos se oyó entonces una voz, que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco.»
Mateo 3:17 (RVC)
Nosotros diríamos “Este es mi muchacho, estoy orgulloso de vos. Mirá, salió igualito al Padre”. La primera pregunta que debemos hacernos es ¿Quiénes somos?
Somos hechura de Dios, somos un poema de Dios. Su obra maestra. Sus hijos amados, en quien el Padre se complace.
Pastor Walter Angélica
Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.
Efesios 2:10 (NTV)
Una obra maestra es aquella que, de alguna manera, sintetiza toda la obra de un autor. Su máxima creación.
En el caso de Dios, su obra máxima es el ser humano. Así lo expresa el primer capítulo del libro de Génesis. Él nos hizo a su imagen y semejanza. Ahora bien, el valor de una obra siempre depende de quién se lo atribuye.
Por ejemplo David miraba el cielo, la luna y las estrellas, comparaba e inmediatamente brotaba de sus labios una pregunta que lo dejaba perplejo: ¿Qué somos los mortales para que pienses en nosotros y nos tomes en cuenta?
En nuestras propias palabras sería algo así como ¿Qué soy yo ante tanta inmensidad? Yo soy consciente de mi pequeñez y de mis limitaciones. No puedo compararme a las estrellas…
Cuando contemplo el cielo, y la luna y las estrellas que tú mismo hiciste, no puedo menos que pensar: « ¿Qué somos los mortales para que pienses en nosotros y nos tomes en cuenta?» ¡Nos creaste casi igual a ti! Nos trataste como a reyes; nos diste plena autoridad sobre todo lo que hiciste; nos diste dominio sobre toda tu creación
Salmo 8:3-6 (TLA)
Mucho más adelante este pastor de ovejas pudo reconocerse como una creación admirable. No por quién era él sino porque conocía mejor al Artista que lo había creado. El Hacedor del universo le daba valor y ese era un motivo suficiente para alabarlo.
¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!
Salmos 139:14 (NVI)
Nuestras historias personales muchas veces desdibujan esta imagen de obra maestra, de persona valiosa ante los ojos de Papá. No solo de nosotros sino también de nuestros hermanos en la fe. Es precisamente en esos momentos donde debemos recordar Quién es el que nos asigna valor para que luego podamos considerar valiosos a otros.
Hace tiempo hablaba con un arquitecto acerca de un edificio de Buenos Aires. Le dije que a mí no me gustaba…yo no entiendo nada de arquitectura, él sí. Esa es su especialidad y su pasión. Por eso, a continuación comenzó a explicarme por qué para los entendidos es hermoso. Me habló de formas y estructuras, de la ruptura que esa edificación había significado para los modelos de la época. Él sabía quién lo había diseñado y construido. Yo ni idea. Disfruté mucho esa pequeña charla improvisada que para mí fue toda una clase. ¡Me enseñó a mirar con los ojos de un experto!
¿Cómo mira Dios? ¿Cómo nos mira nuestro Supremo artista? Para que podamos aprender a mirar así necesitamos conocerlo cada día más. Seguramente, esto signifique estar dispuestos a dejar a un lado nuestros propios criterios y adoptar los suyos. Él es el que verdaderamente entiende de arte. Él es el que atribuye valor y belleza.
Mónica Lemos
