Jesús siguió su camino y llegó a una aldea, donde una mujer llamada Marta lo hospedó. Marta tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres…
Lucas 10:38 (DHH)
Una de las personas que recibió al Señor en su casa se llamaba Marta y cuenta la historia que le reclamó a Jesús porque su hermana no la ayudaba. Entonces Jesús le respondió:
Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar.
Lucas 10:41-42 (DHH)
Usted ¿qué hubiera dicho? …
Aquí no se muestra una competencia entre el servicio y la adoración, entre el servir y el hacer la pausa para estar con el Señor. No existe competencia en este pasaje. Es un texto maravilloso, sencillo y doméstico. Cualquiera es capaz de entenderlo porque es una situación bastante común en los hogares.
Pastor Hugo Herrera
En los evangelios vemos a Jesús en acción mostrando en cada acto cómo es la cultura del reino. Seguramente has escuchado decir que el evangelio es una contracultura. Personalmente creo que la cultura del reino es más que contracultura. Es una cultura trascendente porque es de orden sobrenatural, sobrepasa a toda cultura, por eso es aplicable a todos los tiempos.
Aunque sabemos que el espíritu de cada época es contrario al evangelio, no se trata de oponernos porque sí a la cultura del momento, sino de intervenir en ella mostrando valores del reino. Necesitamos entender que Jesús tomó de las costumbres de su época lo que era adecuado para manifestar sus enseñanzas, pero no tuvo el más mínimo problema en romper con los estereotipos sociales cuando se trataba de dar a conocer su amor por todas las personas.
Me gustaría que reflexionemos juntos en lo insólito de la situación que se produjo en Betania…
Lázaro, Marta y María eran amigos de Jesús. En este pasaje no se menciona a Lázaro ¿estaba presente? Si la respuesta es afirmativa, seguramente no estaba cocinando ni lavando platos. Los hombres tenían un lugar asignado y las mujeres también.
Marta, ¿amaba a Jesús? Sí. De hecho estaba atareada haciendo su mejor esfuerzo para agasajar a su amigo. Y ahora viene lo sorprendente: María no estaba ocupando su lugar de mujer asignada a lo doméstico. Ella “se sentó a sus pies”, tenía a La Palabra encarnada a su lado y no iba a desaprovechar la oportunidad de escucharlo.
En apariencia Marta hacía lo correcto, lo que se esperaba de una mujer… María no.
Marta trataba de que su hermana menor encajara en su molde doméstico y Jesús, lejos de desvalorizar a Marta, le explicó por qué María había elegido la mejor parte.
¿Y Jesús? Su conducta habitual era hablar con las mujeres, abrazar a los niños, sanar en el día de reposo… y además enseñar en la sinagoga donde dejaba asombrados a los líderes religiosos con la sabiduría que el Padre le daba.
Los quehaceres de la casa nunca terminan. Es rutina. Nos agota. ¿Cuánto dura una casa ordenada?… ¡Instantes! Todos los días hay que cocinar, lavar, barrer y atender a la familia. En cambio, la oportunidad de estar a los pies del Señor renueva nuestras fuerzas, nos enfoca y nos reviste de poder para afrontar las situaciones que vendrán. Esa obra que sólo Cristo produce, es interna y profunda, afecta a nuestro espíritu, por eso nadie nos la puede quitar.
Hoy el Señor te pregunta ¿Quién define el lugar que ocupás? ¿Tu familia? ¿La tradición? ¿La sociedad? Cristo no te propone que luches agresivamente para lograr la valoración de tu condición de mujer. Él siempre te valoró. Todos los días podés estar con Él.
Y a vos que sos hombre, Jesús te dejó ejemplo de que la verdadera hombría es permitir que cada uno sea cada vez más aquella persona que Dios diseñó que fuera. La posibilidad de sentarte a los pies del Maestro también es para vos. ¡No te la pierdas! Ocupá tu lugar.Mónica Lemos
