Todo lo que has hecho por mí, Señor, ¡me emociona! Canto de alegría por todo lo que has hecho.
Salmos 92:4 NTV
Todas las Palabras que Dios nos da siempre se renuevan y son confirmadas de muchas maneras si estamos atentos a su revelación, aunque a veces le damos más peso a algunas y no consideramos otras. En nuestra vida no siempre invertimos Su Palabra en profundidad en lo que nos es rutinario y cotidiano. Por ejemplo, desarrollar una alegría renovada cada día.
Esta semana leí la historia de Rosa, una mujer que vive en una comunidad en la Patagonia. Ella pasó por muchas dificultades ya que hace algunos años, perdió su trabajo y su esposo se enfermó gravemente. La situación era desalentadora y la tristeza parecía envolver toda su casa. Sin embargo, no perdió la fe. Todos los días se levantaba temprano para leer la Biblia y orar y le pedía fortaleza y guía al Señor.
Un día, mientras oraba, sintió un profundo consuelo al leer el Salmo 92:4. Decidió que, a pesar de las circunstancias, tenía motivos para alegrarse en las pequeñas cosas que Dios ponía en su camino… que en realidad no siempre son pequeñas. Entonces fue notando la belleza de los amaneceres, el canto variado de los pájaros de aquella zona, y sobre todo la sonrisa de sus nietos. Así comenzó lo que llamó “el proceso de la alegría”. Algo se generaba adentro de ella, lo más simple y cotidiano provocó una alegría interna que la fue fortaleciendo y le dio una nueva perspectiva de vida.
Con el tiempo, Rosa encontró un nuevo empleo y su esposo comenzó a recuperarse. Pero para cuando llegó ese tiempo la alegría que había encontrado en las obras del Señor ya había transformado su mirada de decepción, y le había una renovada esperanza y fortaleza para enfrentar cada día.
En un tiempo en que las personas dependen de la economía, del valor del combustible o el precio de los medios de transporte, cuando ir al supermercado puede ser desalentador y los servicios de salud no son óptimos… ¿Cuál es tu humor?
Estoy segura de que sabés que Dios mandó maná del cielo y Jesús multiplicó panes y peces, pero sé, porque a mí también me pasa, que tu nivel de alegría y optimismo no siempre es representativo de tu en Dios.
Quienes te conocen, ¡te consideran optimista? Tu familia, en tu trabajo o estudio, ¿reconocen por tu buen humor que Dios es tu fortaleza?
La alegría que proviene de Dios tiene el poder de cambiar vidas. Cuando elegimos enfocarnos en las obras de Sus manos podemos encontrar motivos para cantar, incluso en los días más problemáticos.
Hoy te animo a que pienses en las obras del Señor en tu vida. Hacé memoria de las bendiciones, grandes y pequeñas, que has recibido. Dale lugar a la alegría del Señor para que llene tus pensamientos y transforme tu perspectiva. Así como Rosa encontró fuerza en la alegría del Señor, vos y yo también podemos hacerlo.
Ruth O. Herrera
