Palabra que produce efecto

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55: 10-11 RVR60

El texto se refiere a la Palabra que sale de la boca de Dios, no a la palabra solamente humana, por eso hay una responsabilidad de la iglesia que lleva esta Palabra, y es luchar por abrir la boca y que nuestra boca se torne en la boca de Dios… Esto es muy delicado.

Aun después de tantos años de hablar y de predicar  todavía tengo ese nerviosismo interno ¡Qué bueno que esto me acompañe el resto de mi vida! ¿Por qué? porque muchos de ustedes tienen mucha preparación, han escuchado muchos mensajes, pero eso no tiene nada que ver. Ustedes tienen que entender que lanzar una palabra de Dios no se trata de saber predicar, no se trata ni siquiera de que el mensaje tenga un contenido especial ni de la prolijidad teológica, se trata de que tengamos una dependencia absoluta del Espíritu para que la palabra de futuro se haga realidad desde aquí y ahora. Desde el presente hasta la eternidad

Pastor Hugo Herrera

Los tiempos bíblicos eran muy diferentes. La vida tenía una lentitud determinada, y obviamente la información no viajaba a la velocidad que lo hace ahora.

Por eso, aunque Moisés hablaba con Dios cara a cara, la enseñanza de la ley de Dios fue posteriormente transmitida oralmente de generación en generación, principalmente por el jefe de cada familia.

Nuestra realidad es totalmente distinta y si comparamos nuestra experiencia con la de los hombres que se mencionan en la Escritura, a la distancia, idealizamos sus personalidades, los vemos como grandes hombres y mujeres de Dios que tenían siempre la palabra justa del Creador para cada situación. Pero si hacemos eso inmediatamente nos descartamos… sabemos con certeza que no damos con la medida.

Estamos influidos por nuestra cultura y el tiempo histórico al que pertenecemos. Hay tanta abundancia de información a nuestra disposición que es muy fácil desalentarse e incluso aturdirse entre tantas palabras dando vueltas.

El mensaje del evangelio no escapa a esta realidad…la gente ha escuchado las mismas palabras infinidad de veces. Conoce las interpretaciones, teorías y hasta el sonido de las predicaciones les es familiar y a veces se pierde entre otros tantos sonidos conocidos.

Por eso este es un tiempo para examinar el modo de hablar de Dios.

¿Cómo distinguimos Su palabra entre otras? ¿De qué manera se abre paso para trazar destino y propósito en medio de la multitud de otras palabras?

La Palabra que el Señor da es concreta y produce resultados. Por eso en el texto de Isaías que parte de una comparación con la naturaleza, abundan los verbos:

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Este versículo es descriptivo, la lluvia y la nieve hablan de un proceso que se da en la naturaleza, que es lento, continuo, silencioso, progresivo y produce efectos concretos y visibles. La tierra da sus frutos y recibimos ese beneficio. De la misma manera, dice Papá, Su Palabra actuará de acuerdo a Su voluntad y será prosperada de acuerdo al propósito que Él tuvo al enviarla.

Yo, yo hablé, y le llamé y le traje; por tanto, será prosperado su camino.

Isaías 48:15

Cuando es Dios el que habla, te llama y te dirige, podés tener la plena seguridad de que, en algún momento, aunque tarde, tu camino será prosperado. Hay un tiempo de proceso para que la Palabra de Dios comience a ser visible y a dar fruto en tu vida, lo importante es que perseveres porque Quién la dió la hará prosperar.

Seguí confiando en Aquel que te dio la palabra

Mónica Lemos