Parloteo

Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los gentiles. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta solo por repetir las mismas palabras una y otra vez. No seas como ellos, porque tu Padre sabe exactamente lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas.

Mateo 6: 7y8 NTV

(Énfasis del autor)

Estas palabras de Jesús son muy oportunas para los tiempos que corren. Nos dice qué es lo que no debemos hacer cuando oramos.

Como decimos siempre, orar es hablar con Dios. Él sabe todas las cosas. Nos escucha, nos entiende, se interesa realmente por nosotros y quiere responder a nuestras necesidades. Es más, es el único que tiene todo el poder para poner nuestra vida en orden. Su anhelo es armonizar nuestros deseos para que puedan coincidir con los suyos.

¿Deseás que alguien tenga todo lo que necesita para vivir dignamente? Dios también ¿Querés que tus amados gocen de buena salud? Dios también.

Y así podríamos seguir esbozando preguntas. La respuesta a todas ellas se resume en el término que la Palabra traduce como “salvación”. En ese concepto está  incluido el bienestar integral de la persona humana.

Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

Eclesiastés 3:11 RVR60

Dios ha puesto eternidad en nuestro corazón por eso necesitamos tener una idea adecuada de Quién es Él.

Obviamente, nunca podremos abarcar el misterio de Su persona, pero el Señor nos ha dado señales claras a través de las páginas de toda la Escritura para que podamos distinguirlo de los dioses falsos, a quienes hay que rogarles una y otra y otra vez y por si eso fuera poco, también hacer sacrificios para poder agradarlos… pero sin respuesta.

Hay una historia que describe esta diferencia abismal entre el Dios único, verdadero y los dioses paganos ¿Te acordás del encuentro de Elías con los profetas de Baal?

Te hago un breve resumen de la historia: Elías desafió a un rey malvado que llevaba al pueblo a adorar otros dioses. Para ello, le pidió que reuniera a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y a los cuatrocientos de la diosa Asera por un lado y él solito estaría de parte de Dios. Cada uno ofrecería un animal en un altar como ofrenda,  el que respondiera por medio del fuego y consumiera el sacrificio, ese sería el dios verdadero. Los profetas paganos oraron hasta mediodía, a los gritos. No hubo respuesta. Bailaron; gritaron más fuerte; se cortaron sus  cuerpos para ofrecerle sangre… mismo resultado. Pasó la tarde y nada sucedió.

Cuando llegó el turno de Elías, él preparó un altar con doce piedras y para complicar un poquito el asunto hizo que mojaran tres veces seguidas el animal y la zanja donde se haría el sacrificio. Luego se acercó y oró

Al llegar el momento del sacrificio de la tarde el profeta Elías se acercó al altar y oró así: «SEÑOR, Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Ahora te pido que des una prueba de que tú eres el Dios de Israel y que yo soy tu siervo. Muéstrales que tú me ordenaste que hiciera todo esto.  SEÑOR, atiende mi oración, muestra a la gente que tú, SEÑOR, eres Dios. Así la gente sabrá que tú los estás haciendo volver a ti». Así que el SEÑOR hizo bajar fuego que quemó el sacrificio, la madera, las piedras e incluso la tierra alrededor del altar. El fuego también secó toda el agua de la zanja.

1° Reyes 18: 36-38 PDT

(Énfasis del autor)

 Para el hombre de Dios, bastaron solo unas pocas palabras. La respuesta fue inmediata y contundente. No quedó ninguna duda de quién era el Dios verdadero.

Nuestro Papá del cielo tiene el oído atento a los pedidos de sus hijos. La oración no es un despliegue de oratoria, ni una técnica para obtener el favor divino. Nuestras conversaciones con Él están basadas en la relación que hemos establecido desde el momento en que lo reconocimos como dueño de nuestra vida y dador de todo bien. Esa relación sigue desarrollándose día a día.

Acercate con confianza, hablale con tus propias palabras. Él conoce la intención de tu corazón.

 

Mónica Lemos