Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12 (RVR60)
(Énfasis del autor)
La versión Palabra de Dios para todos (PDT) traduce: “penetra tan profundo que divide el alma y el espíritu…”
Espíritu y alma no son lo mismo. El alma es quienes somos, nuestra personalidad y está compuesta por nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. El espíritu abarca la capacidad de nuestro ser de relacionarnos, tener comunión con Él y adorarlo. Dios nos creó de esa manera. Alma, espíritu y cuerpo.
¿Recuerdan a María, la madre de Jesús? Ella había quedado embarazada por obra del Espíritu Santo. Un ángel se apareció y le habló y aunque ella tenía preguntas y seguramente muchas dudas fue obediente. Algunos meses después fue a visitar a su prima Elisabet, que también estaba embarazada. Se produjo una breve charla entre ellas y a continuación María dijo:
Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
- Lucas 1:46 y 47 (RVR60)
(Énfasis del autor)
Elegí este pasaje porque me parece un buen ejemplo de alma y espíritu ligados por la obra del Señor. Hay una coherencia perfecta entre su alma y su espíritu. Palabras de alabanza y alegría brotan de su boca.
El texto es tierno, pero también tremendamente audaz, sobre todo si recordamos que quien alaba al Señor era una chica embarazada y soltera, expuesta a la condena social de su tiempo.
Ahora bien, si llevamos esta decisión a la vida cotidiana, aquellos que hemos nacido de nuevo tenemos vida divina en nuestro espíritu. Cristo vino a vivir en nosotros y Él tiene sus propios pensamientos, sentimientos e intenciones. Nosotros también tenemos la posibilidad de decidir que el Espíritu gobierne sobre nuestra alma y exprese al Señor, pero no estamos acostumbrados a vivir así.
Por el contrario, desde que nacemos vivimos de acuerdo a nuestra alma. Nuestra mente ha sido formada en un sistema opuesto al de Dios y actuamos de acuerdo a lo que pensamos. Con frecuencia respondemos a distintas situaciones de acuerdo también a nuestros sentimientos y tomamos decisiones basadas en nuestra voluntad. En general estamos acostumbrados a que el alma guíe el timón de nuestra vida.
Por eso nuestra tarea es dejar que la Palabra de Dios penetre, cale tan profundo que separe, parta el alma y el espíritu. Pasar tiempo leyendo La Palabra con el Señor de la Palabra nos permite distinguir cuándo es nuestra naturaleza la que actúa y cuándo es el Señor el que obra. Actuar de acuerdo a nuestra alma no necesariamente implica que la acción o el resultado va a ser malo, aunque nos privamos del obrar del Espíritu actuando en plenitud.
Sin embargo, cuando descubrimos que actuamos en nuestras propias fuerzas o de acuerdo a nuestras emociones, o heridas siempre tenemos una nueva oportunidad para permitir que la Palabra corte y separe, aunque duela. Y podemos pedirle al Señor que siga enseñándonos a distinguir cuál es la fuente de nuestros pensamientos y acciones, para que podamos encauzarlas hacia el gobierno del espíritu.
