Llegaron al lugar llamado «La Calavera», donde los soldados crucificaron a Jesús y también a los criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»
Lucas 23: 33-34 PDT
No es fácil dar el brazo a torcer y decir “me equivoque”, tampoco es sencillo perdonar una ofensa y desatar paz. Humanamente puede tener un alto costo emocional o ser un “perdón pasajero”.
La palabra “perdón” suele usarse a menudo de manera casual o liviana, pero perdonar una ofensa, un engaño, un abandono u otra situación dolorosa requiere de ayuda divina. El perdonar es un aprendizaje y es diferente en cada situación.
Jesús nos dio el ejemplo por excelencia en la cruz. Al meditar en esa escena entiendo el tremendo significado de que Él se pusiera en el lugar de quienes lo castigaban, insultaban y mataban con tanta crueldad. ¿Cómo pudo entenderlos? Creo que vio en ellos la profunda debilidad del ser humano envuelto en ira.
Perdón es sinónimo de libertad, y Jesús minutos antes de morir se declaró libre.
Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados,porque el enojo da lugar al diablo.
Efesios 4: 26-27 NTV
El enojo no está desestimado en el pasaje de Efesios 4, el apóstol Pablo lo reconoce como una realidad y él mismo manifestó su enojo en algunas ocasiones. Pero el enojo que provoca una ira desmedida esclaviza y nubla la razón. Y el ser hijos de Dios y tener una fe viva no es un antídoto que nos hace impermeables ante él.
Es muy sabio el consejo del apóstol: no des rienda suelta a tu enojo. Hay que poner un límite, tener dominio propio, ser mas fuerte que la situación; poner un punto final antes de que sea una emoción indomable. ¡Estoy segura que necesitamos practicar esto!
“El que está más cerca del corazón es quien más lastima. Y en todo caso perdonar no es un sentimiento, es una decisión que se toma diariamente. Es que, aunque hablamos el mismo idioma muchas veces no nos entendemos.
Tenemos que aprender a enfrentarnos con el momento de las conversaciones difíciles.”
Pastora Patricia N. Angélica
Al hablar de la unidad y ser parte de una iglesia no podemos dejar de meditar en el perdón y en desarrollar la voluntad de no ser “hipersensibles”, y en darle oportunidad al otro de equivocarse.
Dios quiere que aprensad a conciliar, a dar otra oportunidad, a enfrentar tu propio enojo o dolor y que esto no sea más importante que tu hermano, tu amiga, alguien que Dios puso cerca tuyo.
Vos y yo seguramente hemos ofendido a alguien, aun sin querer, porque todos somos imperfectos y débiles, por eso también tenemos que saber pedir perdón en el tiempo oportuno.
No dejes que la falta de perdón, el que tenés que dar o recibir, dure hasta el día siguiente.
Ruth O. Herrera
