Sean amables y considerados unos con otros, y perdónense como Dios los ha perdonado a través de Cristo.
Efesios 4: 32 PDT
Énfasis del autor)
¡Qué difícil puede ser perdonar genuinamente!
Uno de los mayores desafíos que enfrentamos como creyentes es el perdón.
Muchas veces nos cuesta dejar atrás las heridas y el rencor, pero el amor que proviene del Espíritu Santo nos capacita para perdonar como Jesús nos perdonó.
El ejemplo bíblico de Esteban, el primer mártir cristiano, nos desafía de manera extraordinaria.
Cuando ellos oyeron a Esteban decir esto, se enfurecieron tanto que hasta les rechinaban los dientes. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, levantó los ojos al cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús a su derecha. Dijo entonces: «Veo los cielos abiertos, y que el Hijo del Hombre está a la derecha de Dios». Pero ellos, lanzando un fuerte grito, se taparon los oídos y arremetieron contra Esteban, y lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon. Los testigos falsos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo, y mientras lo apedreaban, Esteban rogaba: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Luego cayó de rodillas y clamó con fuerte voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Y dicho esto, murió.
Hechos 7:54-60 RVC
Mientras era apedreado hasta la muerte, en lugar de maldecir a sus agresores, oró por ellos. Un hombre lleno del Espíritu Santo que desató amor y perdón.
El amor de Dios encarnado se manifiesta en personas llenas del Espíritu…
La historia de los cristianos de Ruanda que perdonaron a los asesinos de sus familias es un testimonio conmovedor de fe y compasión. Durante el genocidio de Ruanda en 1994, más de 800.000 personas, principalmente de la etnia tutsi, fueron asesinadas por los extremistas hutus. Muchos cristianos ruandeses perdieron a sus seres queridos en la masacre.
Sin embargo, en medio de tanto dolor y sufrimiento, algunos cristianos ruandeses decidieron perdonar a los asesinos de sus familias. Ese acto de perdón fue posible gracias a su fe en Jesucristo y al derramamiento del amor de Dios en sus vidas.
Uno de los ejemplos más conocidos es el de Immaculée Ilibagiza, una mujer ruandesa que perdió a su familia en el genocidio. A pesar de su dolor y su rabia, Immaculée decidió perdonar a los asesinos, incluso, se reunió con uno de ellos en la cárcel para perdonarlo en persona. La historia de Immaculée y de otros cristianos ruandeses que perdonaron a sus enemigos es un testimonio poderoso de la capacidad del amor y el perdón para transformar vidas y comunidades. Esa capacidad solo puede venir del Espíritu Santo, quien muestra el poder del amor de Dios en medio del dolor.
No tenemos que pasar por situaciones tan límites. Podemos pedirle al Espíritu Santo que nos capacite para tomar la decisión voluntaria de perdonar a quien nos haya lastimado.
Es tu decisión, es mi decisión, pero tenemos un auxiliador, quien derrama un amor más allá de nuestras capacidades.
Ruth O. Herrera
