Permanecer unido

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15: 4-5 RV1960

 

La grandeza humilde es difícil para mu­chos de nosotros. Algunos han tenido su pensamiento tan fijo en la grandeza que en lo que menos piensan es en la humildad; otros se han concentrado tanto en la humildad que cualquier pensamiento de grandeza  parece de alguna manera equivocado.

 

¿Qué es humildad y qué es grandeza?

Jesús las define y enseña en Juan 15 a través de la imagen de la vid y las ramas.

 

Sabía cómo hacer que las cosas mas complejas de vivir sean sencillas. Él dijo: «Yo soy la vid y ustedes son las ramas», punto y aparte, así de claro.

Nuestra humildad crece y se fortalece en la dependencia. No somos autosuficientes.

 

Él es la vid, nosotros somos las ramas.

 

Si realmente aprendo a depender de Cristo, a dejarme guiar, a esperar y avanzar según su voluntad. Si realmente me considero dependiente, mi vida de sumisión a su amor me hará sencilla y sí… más humilde.

 

Lo grandioso de depender es que prospero, avanzo y tengo frutos. Tal vez logre todo eso por mí misma pero no podré experimentar la clase de vida y la calidad de vida que Jesús da.

 

No soy la vid… ¡y qué bueno es eso! Pero como soy rama tengo su identidad porque pertenezco a la vid.

 

Yo soy una rama.

Puede haber poda, tiempos sin tanto fruto, puede el invierno o el granizo desfigurarme o dañarme, pero la vid es inconmovible.

Nadie tiene una vida libre de problemas, pero Jesús quiere que todos vivamos una vida fructífera. Y esta vida empieza al recordar dos cosas: yo soy una rama,  Jesús es la vid.

 

Hay algo más que da fundamento a la idea de dependencia y sumisión y es que Jesús se reconoce como la vid y a la vez reconoce a Dios Padre como el labrador, quien tiene la visión y direccion del viñedo.

 

La grandeza del Hijo es fruto de la cercanía y sujeción al Padre.

 

Dios es el labrador, Jesús es la vid, y nosotros somos las ramas. Algunos piensan que un viñedo es la más difícil de todas las empresas agrícolas, exige más cuidado constante y más trabajo arduo que cualquier otro tipo de cultivo. ¡Aunque para nuestro alivio, esa no es nuestra preocupación! Dios es el labrador, quien provee el cuidado, el  que cuida que la vid dé buen fruto. 

 

En esencia, eso lo resume todo. Cuando la rama permanece conectada, el agricultor la mantendrá bajo cuidado constante y le permitirá extraer vida de la vid.

 

A vos y a mí nos toca dar frutos y eso es parte del estar unidos a Cristo. Así recibimos al Espíritu Santo quien nos da Su carácter y el resultado es paz, paciencia, benignidad, dominio propio… y dones y facilidades para ser luz y sal. Una conjunción armónica, una cadena entre el Padre, el Hijo, nosotros y el Espíritu. Un viñedo que fluye desde el cielo.

 

¿Cómo es tu fruto de unión a la vid, hoy? Yo intento cada día que esa unión no se quiebre. A veces es sencillo, pero muchas otras tengo que repensar mis prioridades y gustos, mi impulso de ser mi propia vid, de la no dependencia… Debo decidir cada día reconocerme y asumir que separada de la Vid no puedo hacer nada. A veces soy mi propia poda porque me pierdo en mis emociones y debilidades. Por eso sé que indudablemente necesito permanecer en unidad.

 

La invitación es a permanecer unido a Cristo para recibir la savia del Espíritu que fluya como un río.

Ruth O. Herrera