Permanecer

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»

Juan 8: 31-32 RVC
(Énfasis del autor)

 No se es libre un día sí y al siguiente se vuelve a retroceder. Permanecer es clave en el proceso antes de la libertad. La libertad depende de establecerse, mudarse al fruto de la verdad, se nutre de resistir cuando la costumbre o los hábitos son los dueños. 

El versículo comienza con una condición: “Si ustedes permanecen en mi palabra…” La libertad espiritual no es instantánea ni automática. Tiene un proceso. Permanecer

implica volver una y otra vez a la enseñanza de Jesús, de ser obstinados. Permanecer requiere dejar que su palabra confronte nuestras ideas, y llegar a la conclusión de que Jesús tiene razón. 

La verdad primero confronta, después revela, y entonces ilumina lo que preferiríamos ocultar. 

Yo experimento todo el tiempo esta confrontación, y creo que vos también. En lo íntimo todos necesitamos romper cadenas que nos detienen desde hace tiempo. No es que no conocemos la Palabra, es que necesitamos seguir siendo transformados. Es un proceso, una lucha diaria: No abandonar cuando nos frustramos, seguir aunque la verdad nos incomode… Porque Jesús lo dijo con claridad: La libertad sin permanencia no es posible.

Leí una frase que define el tema: “La verdad solo transforma cuando se queda el tiempo suficiente para desarraigar mentiras profundas. Porque antes de ser libres, necesitamos reconocer qué nos ata”. 

Jesús fue un hombre normal, con alegrías y tristezas, angustias y victorias. Cada paso que dio sobre la tierra fue un símbolo de libertad. No fue un “superhéroe”, fue un hombre atado a las limitaciones, pero libre para decidir cómo vivir.    

Vos y yo somos hechos a su imagen y semejanza, y eso es una verdad muy inspiradora. Lo grandioso de ser sus discípulos es la certeza de que nuestra humanidad no nos limita para vivir en la plenitud de la verdad en su Espíritu.  

Un esclavo no es un miembro permanente de la familia, pero un hijo sí forma parte de la familia para siempre.  Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres.

Juan 8:35-36 NTV

 

Esclavitud, libertad y ser hijo, todo en la misma enseñanza… Al descubrir esta palabra vos y yo necesitamos seguir, continuar, resistir, establecernos en Cristo porque “Él es La Verdad”

 

Ruth O. Herrera