Abram tenía ya diez años de vivir en Canaán, y su esposa Saraí aún no había podido tener hijos. Pero como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava». Abram estuvo de acuerdo. Entonces Saraí tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada.
Génesis 16: 1-4 TLA
Hubo un vértice en la historia cuando Dios se presentó a un hombre y le dijo tres cosas tremendas: “mira ahora los cielos”, “cuenta las estrellas”, “así será tu descendencia”. Se lo dijo a un anciano de alrededor de 86 años, y durante los siguientes 15 años no vio ningún cambio en su rutina.
Ya casi a los 90 años de su esposa Sara, que era estéril, Dios se presenta a Abraham y le dice: “Vas a engendrar un hijo y le pondrás por nombre Isaac.” Pero ante la imposibilidad de que esto ocurra Sara le sugirió: “¿Por qué no tienes un hijo con mi esclava?” como si eso fuera una solución, ya que la esclava era considerada como un bien personal, y socialmente no estaba mal ni era considerado pecado. Las costumbres y la cultura soportaban esta cuestión. Pero esta decisión traería consecuencias trágicas.
Es en muchos casos comprensible que el hombre desobedezca a Dios o no espere que Dios haga la obra, por eso humanamente era muy razonable lo que pensaron e hicieron estos ancianos.
Abraham tuvo un hijo con la sierva Agar, se adelantó, intentó hacer que se cumpla la palabra… Pero si bien esto no era algo horroroso culturalmente; no era el plan de Dios.
El resultado de la impaciencia provocó desobediencia y cuando la esclava quedó embarazada, surgió su orgullo y menosprecio hacia Sara. Por supuesto comenzaron los problemas. Eso marcó lo significativo que fue para Sara no tener descendencia hasta ese momento. Estaba muy frustrada, muy herida, tanto que le dijo a Abraham: “Echa a esta mujer de aquí”
La realidad es que hoy muchas veces la historia sigue siendo la misma. Dios nos da una palabra y nosotros nos adelantamos a lo que Dios quiere y metemos la pata. Con las mejores intenciones, nos vemos muchas veces actuando antes de la orden del Señor. Salimos a correr la carrera antes del disparo de partida, con un genuino deseo de hacer marchar el plan… Pero tranquilo, no se trata hoy de agregarte una culpa, se trata de descansar, se trata de saber en quién descansan nuestras fuerzas, se trata de poner nuestras ansiedades en Cristo.
Hoy vos y yo tenemos que recordar y repetirnos si es necesario esta verdad que Abram y Saraí no pudieron aceptar y es que el que da la promesa se ocupa de los recursos, del milagro, del cumplimiento. EL QUE DA LA PROMESA ES PAPÁ.
Pastores Ruth y Hugo Herrera
