Podés confiar

Ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que gobierna la casa de Dios,  entremos directamente a la presencia de Dios con corazón sincero y con plena confianza en él. Pues nuestra conciencia culpable ha sido rociada con la sangre de Cristo a fin de purificarnos, y nuestro cuerpo ha sido lavado con agua pura. Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa.

Hebreos 10. 21-23 NTV

(Énfasis del autor)

Cuando la crisis se instala, es posible que la duda ingrese por algún agujero de nuestra alma. ¿Cuáles pueden ser esos agujeros? Puede ser que alguien nos haya desilusionado, que hayamos perdido una oportunidad de trabajo o, peor aún, a alguien amado.  Entonces las fuerzas empiezan a decaer.  Y también pude aparecer el estrés. 

“Nuestros cuerpos han sido construidos para soportar una enorme cantidad de estrés y de presión. Dios nos ha creado para que seamos personas bastante flexibles […] Con un valor intrépido podemos ir a través de tiempos de enfermedad, reveses financieros, desilusiones domésticas, desempleo, la muerte de alguien que amamos…Sí. Siempre que no perdamos un ingrediente especial: La esperanza

(El estrés, paz… a pesar del pánico de Charles Swindoll. Pág. 221) 

Tal vez hayamos comenzamos una nueva etapa con mucha ilusión, con ímpetu. Deseamos alcanzar alguna meta, nuestro razonamiento nos dice que si lo que deseamos es algo bueno ¿Por qué razón Papá no nos lo daría? Tenemos una cantidad de textos bíblicos alineados para respaldar lo que esperamos…

Durante un tiempo nos esforzamos, ponemos nuestra energía en ese objetivo y no nos damos cuenta de que ese esfuerzo no alcanza,  avanzamos un poco y luego el resultado tan ansiado parece detenerse, o incluso se desmorona.

Ahí puede comenzar un proceso de interrogantes internos: ¿qué hice mal? ¿Qué no hice? ¿Por qué no pude lograrlo?

Si a esto le sumamos que, en el camino, tal vez descuidamos relaciones; restamos tiempo para nuestro círculo íntimo; no cuidamos nuestra salud como deberíamos; acumulamos cansancio y Dios parece muy lejano tenemos a la vista la fórmula perfecta para perder la esperanza y desistir de volver a empezar.    

Hace poco vi una película sobre dos amigos que se asociaron para abrir un pequeño negocio de construcción inmobiliaria, habían invertido todo su dinero, tiempo y energías en ese proyecto. Pasaron los años y crecieron mucho y se convirtió en una gran empresa. Pero uno de ellos decidió aumentar sus ganancias en prácticas poco éticas sin consultar con su socio. El protagonista simplemente era honesto y no estaba dispuesto a todo con tal de ser multimillonario. Se fue quedando solo cuando el resto del directorio apoyaba las prácticas dudosas… él estaba de más allí y se fue. Así finalizó la sociedad y también su amistad. Al retirarse lo perdió todo, hasta la esperanza. La película muestra en detalle la decepción, el desconcierto, las dudas y la posterior depresión que experimenta hasta que logra ponerse de pie nuevamente y comenzar desde cero.

Mientras la veía pensaba ¡qué difícil debe ser volver a confiar cuando te defraudan! Y esto sucede más a menudo de lo que imaginamos. A veces nos empecinamos en poner nuestra esperanza en “zonas inestables” y cuando la realidad nos demuestra que nos hemos equivocado, nuestro mundo se viene abajo. 

¿Cómo está tu esperanza? ¿Hay algo que la haya debilitado? El Señor te invita a recuperarla. Él es digno de confianza. 

Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa.

Mónica Lemos