¿Por qué buscás a Jesús?

El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor.Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaúm, buscando a Jesús.

San Juan 6:22-24 (RVR60)

En estos últimos dos años se han producido muchos cambios sobre la faz de la tierra. Nosotros también hemos tenido que cambiar, hemos reaccionado frente a esos cambios. Como la crisis es muy reciente, la forma de vivir que teníamos antes de la pandemia se ha visto alterada y hoy nos encontramos con que en algunas áreas nos hemos detenido.

Los cambios suceden, las organizaciones cambian sus estructuras o su manera de funcionar para ser más dinámicas; las familias se cambian de casa por distintos motivos y, de la misma manera, a  veces necesitamos cambiar malos hábitos por otros que sean buenos. Pero para poder cambiar necesitamos hacernos algunas preguntas.

El texto del evangelio de Juan nos cuenta una historia muy interesante de cuando la gente busca a Jesús

Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

San Juan 6:22-24 (RVR60)

Si el relato terminara solamente acá diríamos ¡Qué personas extraordinarias estaban buscando a Jesús! La pregunta es ¿Por qué lo hacían?

Pastor Milton Cariaga

Búsquedas. Las hay de todo tipo. Buscamos satisfacer necesidades físicas, afectivas,  económicas, laborales, de realización personal, etc. Si te hace falta algo lo normal y esperable es que averigües dónde podés conseguirlo o quién puede ofrecértelo. Esto nos involucra a todos. Cada uno de nosotros tiene necesidades y busca saciarlas de la mejor manera.

A través de la historia las necesidades de la gente cambiaron, los adelantos científicos y tecnológicos nos han permitido, en cierto sentido, mejorar nuestra calidad de vida.  Seguramente nuestros abuelos no “necesitaban” las mismas cosas que para nosotros son indispensables. Las cosas materiales se han convertido a menudo en un fin en sí mismas.

Hoy, muchas veces se confunde necesidad con deseo y vamos tras la satisfacción de lo que deseamos creyendo que sin ese objeto no podemos vivir. Al hacerlo perdemos la capacidad de distinguir entre lo esencial y lo superfluo.

A veces, esto mismo lo trasladamos a la fe, vemos el evangelio como la solución mágica e instantánea a todos nuestros problemas y cuando por un tiempo no tenemos respuesta nos decepcionamos y generalmente dejamos de orar y de buscar a Papá sólo para disfrutar su amistad

Es muy difícil saber cuáles son nuestros verdaderos motivos cuando buscamos a Cristo. No somos diferentes a las personas que buscaban y seguían al Maestro según lo relata Juan al escribir el evangelio. 

Nuestra necesidad real muchas veces permanece oculta en un rincón muy lejano al que no podemos acceder porque nos confrontaría directamente. Un buen punto de partida es hacernos algunas preguntas de diagnóstico:

¿Por qué leo la Biblia? o ¿por qué no la leo?

¿Por qué creo en Jesús? ¿Por qué si creo en Él a veces no lo busco?

Si busco al Señor ¿por qué parece que no lo encuentro?

El Señor mira directamente en nuestro ser más profundo y no nos condena. Sabe que en nosotros hay ambivalencias, deseos de escuchar Su voz que compiten con el de hacer nuestra propia voluntad… De hecho hay necesidades que ni siquiera sabemos que tenemos hasta que el Espíritu las revela, y es en ese momento en que además nos guía hacia la verdadera fuente de satisfacción.

Mónica Lemos