Al día siguiente, Jesús decidió ir a Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Ven, sígueme». Felipe era de Betsaida, el pueblo natal de Andrés y Pedro. Felipe fue a buscar a Natanael y le dijo:—¡Hemos encontrado a aquel de quien Moisés y los profetas escribieron! Se llama Jesús, el hijo de José, de Nazaret. —¡Nazaret!—exclamó Natanael—. ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?—Ven y compruébalo tú mismo—le respondió Felipe.
San Juan 1. 43 – 46 NTV
(Énfasis del autor)
Felipe también fue seguidor de Juan el Bautista y luego se convirtió en discípulo de Jesús. No se da otro detalle de ese período inicial, pero es obvio que creyó en lo que el profeta decía acerca del Cordero de Dios. Tanto es así que cuando Jesús lo llamó, lo siguió al instante. Aunque tenía un nombre de origen griego, era hombre de acción: enseguida fue a buscar a un conocido. No usó largos argumentos para convencerlo (la única referencia que hizo fue decirle que Jesús era aquel de quien habían escrito Moisés y los profetas). Tal vez no pensó que iba a encontrar escepticismo en su invitado, pero lo resolvió en un instante. Le dijo: “Ven y compruébalo tú mismo”.
Mencioné que tenía un nombre griego y, sin embargo, era hombre de acción porque los griegos buscaban la sabiduría por sobre todas las cosas. Se los asocia fundamentalmente con el pensamiento analítico y el intercambio de ideas y argumentos. Mucho tiempo después, el apóstol Pablo citará esa característica de ellos.
Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría
1° Corintios 1.22 (RVR60)
En la actualidad hay una extrema polarización. El intercambio de ideas, que en otro tiempo podía resultar enriquecedor, se ha transformado en una batalla entre ideologías en la que cada uno ataca al otro porque no piensa como él. Y a veces, sin querer, cuando hablamos de Cristo nos pueden enredar en argumentos cristalizados en los que se repiten frases o ideas de otros sin detenerse a analizarlas. En estos tiempos, quizás no sea necesario complicarnos tanto para hablar con alguien. Solo desafiarlo al estilo de Felipe: “Ven y compruébalo tú mismo”.
Mónica Lemos
