Preguntas

Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era. Jesús les preguntó: —¿De qué van hablando ustedes por el camino?

Se detuvieron tristes,  y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: —¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?

San Lucas 24:16-18 (DHH)

 

Cuando yo fijo toda mi atención, cuando  me concentro demasiado en algo, me pierdo la totalidad de lo que está pasando.

 

¿Dónde estaban perdidas estas dos personas?

Estas dos personas estaban perdidas en una idea que tenían muchos acerca de Jesús. Para ellos el Señor era quien los iba a liberar del poderío de Roma, el libertador del pueblo oprimido. No entendían que el Señor realmente había venido a redimirlos del pecado y reconciliarlos con el Padre.

Pastor Cristian Centeno

 

En el camino a Emaús, cuando Jesús se acerca, les pregunta a los viajeros fue de qué estaban hablando y por qué estaban tristes.

La respuesta que obtiene es otra pregunta: ¿Sos el único forastero que no se enteró de lo que pasó en estos días?

El comienzo del texto nos da la clave para esta charla tan extraña: Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.

 

Otra versión dice:  Pero tenían los ojos tan ofuscados que no lo reconocieron.

 

Ofuscar, según el Diccionario de la lengua española, significa:

  1. Deslumbrar, turbar la vista.
  2. Oscurecer y hacer sombra
  3. Trastornar, conturbar o confundir las ideas, alucinar.

 

En los tiempos del ministerio de Jesús, la gente tenía distintas ideas acerca de quién era realmente aquel hombre. Cada uno creía algo distinto. Había tantos comentarios que circulaban entre los religiosos, la gente del pueblo e incluso los discípulos que el Maestro en un momento hace una pausa para indagar qué piensan sus propios amigos.

 

Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?  Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.  Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?  Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

  1. Mateo 16:13-16 (RVR60)

 

En aquel entonces y ahora es habitual que cada uno se forme su propia opinión y resalte aspectos de la personalidad del Señor de acuerdo con la necesidad que tenga. Es lógico y natural. Aquellos que tenían hambre veían al Maestro como proveedor; los enfermos, como el sanador; los oprimidos, como aquel que podía librarlos del opresor. Nadie tenía ni tiene ahora la imagen completa. Cristo es inabarcable. Es cercano, pero a la vez misterioso; es misericordioso, pero también justo; es siervo, pero a la vez es Señor…

 

Y nosotros, que somos imperfectos, conocemos en parte, creemos, pero no siempre. Sabemos, pero  también olvidamos

Hay ocasiones en que la decepción e incluso la tristeza pueden cegarnos, perturbarnos, confundirnos. Tenemos una idea de cómo deben ser las cosas y cuando la realidad que vivimos choca con ese concepto, nos  cegamos. Estamos convencidos de que vemos, pero no es así.  

 

Jesucristo había dicho públicamente en reiteradas oportunidades que iba a morir a manos de pecadores, pero que en tres días iba a resucitar. Lo anunció, lo repitió, lo confirmó, les puso ejemplos… sin embargo cuando sucedió lo que Él había anunciado con tanta anticipación todos, sin excepción, sintieron que su mundo se venía abajo y su esperanza estaba perdida. Incluso sus amigos más íntimos.

 

Si esta es para vos una temporada de incertidumbre, de oraciones sin respuesta o incluso de respuestas que no esperabas, no olvides que Cristo camina con vos. Su luz puede disipar toda sombra.

 

                                                                                                           Mónica Lemos