El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
- Juan 1. 43-46 RVR60
Podría decirse que en casi todo lugar existe una especie de estereotipo sobre la identidad de sus habitantes. Para darte algunos ejemplos: los santiagueños tienen fama de lentos; los porteños de cancheros, los cordobeses de cuarteteros…
Bueno, parece ser que Nazaret no tenía muy buena reputación. Se dice que era un pueblo cuyos habitantes tenían fama de violentos y además de rústicos, un poco incultos, pronunciaban mal las palabras y tenían un acento particular. En ese lugar creció Jesús y fue allí donde no puedo hacer muchos milagros porque nadie le creía.
Jesús salió de ese lugar y fue para su pueblo junto con sus seguidores.
No podían aceptar a Jesús, pero él les dijo: —Se honra a un profeta en todas partes, pero nadie es profeta en su propio pueblo y en su propia casa. Y Jesús no pudo hacer ningún milagro allá. Lo único que hizo fue imponer las manos a algunos enfermos y sanarlos.
Y estaba muy sorprendido de la falta de fe de la gente de su pueblo
- Marcos 6.1, 3b– 4,6 PDT
Un maestro de ese lugar había elegido a Felipe como su alumno y él estaba tan contento que fue a contárselo a su amigo Natanael. Es curioso el comentario que hace Felipe: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús… La verdad era que Jesús lo había buscado y encontrado a él, pero esta experiencia la compartimos todos nosotros: Creemos que hemos encontrado a Cristo, cuando en realidad es Él el que no ha parado de buscarnos y se ha revelado a cada uno para que pudiéramos conocerlo.
Pero volvamos a Felipe y a la charla con su amigo. Natanael reacciona con un prejuicio muy marcado, que expresa a modo de pregunta ¿irónica, tal vez? ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Como todo prejuicio, despersonaliza. Ya no se trata de “alguien” es “algo”, indefinido, general. Claro, si tenemos en cuenta la fama del lugar no suena raro el comentario de este hombre.
Los estereotipos y prejuicios generalizan, “ponen a todos en la misma bolsa” podríamos decir. La forma de derribarlos es mostrar que hay personas diferentes. Jesús creció en un lugar de mala fama, habrá compartido muchos momentos con sus habitantes, ellos deberían conocerlo, pero la familiaridad los hacía ciegos a la identidad de la persona que convivía con ellos y les impedía disfrutar de sus obras.
Hoy a gran parte de la sociedad le sucede lo mismo. De hecho, si uno habla con alguien y le pregunta si conoce a Jesús, seguro le dirá que sí, pero la imagen que tiene de él es una mezcla de ideas: un poco de sincretismo religioso, otro poco de mentalidad mágica producto de nuestra cultura, una mezcla de ideas paganas sobre esforzarse para que Él los acepte, hacer sacrificios, etc.
En este contexto, vos y yo que somos la iglesia tenemos la tarea de contar a otros que nos hemos encontrado con Él e invitarlos como dijo Felipe: “Vení y mirá”.
Felipe tenía muy en claro que todos necesitamos tener nuestro propio encuentro personal con Cristo.
Nosotros tenemos que tener la misma convicción. No basta con dar información a otros acerca de Jesús, ni siquiera es fructífero argumentar sobre la gran cantidad de evidencia sobre la autenticidad de la Biblia como inspirada por Dios o sobre la deidad de Cristo. Solo podemos compartir nuestra experiencia con Cristo y habilitar a otros para que puedan vivir la suya propia.
Mónica Lemos
