Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios.
2° Corintios 5: 17 TLA
Dios quiere desarrollar tus capacidades. Desde lo más simple hasta que alcances el mayor potencial al vivir como su discípulo/a.
No te condiciones pensando en lo que no tenés o en quién no sos, tampoco en lo mucho que sabés o podés. Dios quiere desarrollarte a partir de tu realidad, de cómo estás, para hacer algo nuevo. Esto significa que conozcas a Dios como el absoluto Rey de tu vida, el único Señor de tu vida, quien puede provocar transformaciones que van a cambiar tu vida. Aquel que puede hacer posible lo imposible.
El joven le dijo: «Todo esto lo he cumplido desde mi juventud. ¿Qué más me falta?» Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después de eso, ven y sígueme».
Mateo 19: 20-21 RVC
“Vendé todo” no significa esta palabra que el Señor te quiere pobre. Jesús “confrontó” al joven rico para descubrir verdaderamente su corazón.
El Señor te pregunta hoy: ¿dónde está tu corazón?
¿Dónde está el corazón de la iglesia? ¿Dónde tienen su mayor interés? Matrimonios jóvenes, hombres, mujeres: ¿Dónde tienen su mayor interés en este momento de sus vidas? Porque donde está el tesoro, está el corazón.
Jesús no criticó al muchacho porque tenía muchas riquezas, pero le pidió perspectiva y prioridad. La manera en que Dios puede renovar y potenciar nuestra vida y servicio es dándole prioridad y entregándole lo de mayor importancia en nuestra vida: la familia, vocación, estudio, trabajo, proyectos… todo lo que es nuestra “riqueza” para redescubrir Su plan.
Todos anhelamos crecer y progresar materialmente, y no está mal. Pero a veces las cosas materiales, el progreso, el llegar a nuestras metas, la falta de prioridades en Cristo pueden ser nuestro propio límite. Por eso Jesús dijo: “el que ama su vida la perderá y el que pierde su vida por causa de mí y del evangelio ese la ganará”.
Es una palabra que parece dura, pero no lo es en función de que somos «herederos de Dios y coherederos con Cristo».
La paradoja de que “el que pierde… gana”.
La medida del éxito que tiene el mundo no es la medida del éxito de Dios.
Al Señor le ha dado placer entregarnos el Reino. ¿Por qué ir por menos?
¡Sí! ¿Por qué ir por menos?
Ruth O. Herrera
