Prioridad

 

«Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. El primero dijo: ‘Acabo de comprar un terreno y tengo que ir a verlo. Te ruego que me disculpes’. Otro dijo: ‘Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Te ruego que me disculpes’. Y otro más dijo: ‘Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.»

Lucas 14:18-20 NVI

 

En la cultura del Medio Oriente del primer siglo, rechazar una invitación a un banquete después de haberla aceptado inicialmente no solo era de mala educación; era un insulto grave contra el anfitrión. Sin embargo, en la parábola de Jesús, los invitados VIP hacen exactamente esto, y sus excusas son lógicas desde una perspectiva, pero muy cuestionables. No era cualquier cena, difícilmente se podría ignorar.

 

«Compré un terreno y tengo que ir a verlo» Es más o menos como decir mi terreno vale más que vos. Como quien respondió “compré bueyes” y así antepuso el trabajo al honor de la invitación. Sí podríamos disculpar al que no asistió al banquete porque tenía su propio banquete de casamiento. Pero la parábola enseñaba que ninguna explicación o excusa era valedera porque la dimensión de aquella cena era sideralmente más importante.

Aun así, ninguna de ellas es sustancialmente mala… Pero la enseñanza era dura y contundente.

 

El apego a lo material, lo importante de un trabajo o una carrera, el lugar de prioridad de los compromisos familiares, todas las respuestas eran incorrectas para Jesús.

En contrapartida Él demostró que su Reino se manifestaba al sanar al enfermo, compartir tiempo con opositores, dejar huellas y enseñanzas y priorizar a los demás.

 

La parábola no mencionaba pecados de inmoralidad, falta de honestidad ni violencia, porque las cosas que nos distraen o separan de Dios no necesariamente son malas o erróneas. Nuestras excusas no se encuadran en elegir el pecado. Nos alejamos de la mesa de Dios porque estamos demasiado ocupados en nuestras propias mesas. Aun sin mala intención respondemos: «Señor, me encantaría estar con vos, pero estoy demasiado ocupado construyendo mi propio reino».

 

Hacé un recuento honesto de tu vida. ¿Cuáles son tus «terrenos», tus «bueyes» o tus «relaciones» que están compitiendo con Dios por el primer lugar en tu corazón?

Hoy, ¿qué actividades o preocupaciones son las que más a menudo se interponen entre el banquete y vos?

 

Te propongo que termines esta lectura diciéndole a Papá:

Perdoname por las veces que te insulté al posponer tu invitación priorizando mis propios asuntos. Espíritu Santo, necesito una firme convicción de que nada es, por más bueno que sea, más importante que estar frente a mi Dios. Ayudame a ordena mis prioridades y dame la gracia de decir “sí’” a cada llamado e invitación de Papá. Amén

 

 

Ruth O. Herrera