Abraham se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y se rio, mientras pensaba: ¿Acaso un hombre de cien años puede ser padre? ¿Y acaso Sara va a tener un hijo a los noventa años?
Génesis 17:17 NVI
¡Dios tiene un plan para cada uno de sus hijos! Siempre es bueno, pero aun así transitamos crisis donde tendremos que manifestar nuestra fe y nuestros valores. Lo que ya mencionamos como “proceso”. El proceso se transformó en un problema para Abram al recibir la primera palabra de Dios diciéndole: “¡Vete!”.
Sin embargo, a pesar de que Dios le pidió que abandonara las cosas que amaba, para poder recibir una gran promesa, fue detrás de su bendición. La promesa de Dios tenía dos rasgos importantes:
1) Una promesa imposible para el hombre.
Dios moviliza la fe de Abram para hacer efectiva su promesa. Tenía 99 años y seguramente su condición física no le daba chances para que tenga una gran descendencia. Aun así, Dios insistía una y otra vez en confirmarle que sería padre. Y como seguramente nos pasaría a vos y a mí… esto provocó un comentario entre dientes de Abram: En otras palabras, dijo: “¿Cómo podrá ser si estoy tan viejo? ¡Mi tiempo ya pasó!”.
2) La promesa provocaría cambios impensados.
El Padre gestaría una nueva nación, generaciones que bendigan la tierra. La nación que Dios haría de la descendencia de Abram sería influyente para el mundo, comenzando por su propia descendencia, la que sería tremendamente numerosa, hasta la actualidad.
¿Podés visualizar esto? La promesa se sigue cumpliendo hasta hoy.
Para aquellos que lo aman. Dios ha preparado cosas que nadie jamás pudo ver, ni escuchar ni imaginar
1 Corintios 2:9 TLA
Dios se comprometió, y al dar su palabra selló el futuro de Abraham y el nuestro. Papá está “empecinado” en que vivamos sus promesas. Hay un compromiso celestial y eterno. Un decreto inviolable, y te pertenece… si estás dispuesto a meterte en el plan, sos un hijo incluido en su herencia.
Si estás dispuesto/a… Él que prometió lo va a cumplir en vos…
Ruth O. Herrera
