Proceso

Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese.

Filipenses 1:6 DHH

El carácter que tuvo Cristo es posible en nosotros también y nos permite vivir por encima de las circunstancias, nos empodera para dirigir nuestras vidas de su mano, nuestras emociones, nuestra corporalidad, nuestro lenguaje, nuestros pensamientos. Eso es lo que realmente necesitamos.

El apóstol Pablo dice: “…la irá llevando…” hay un proceso, una idea de construcción; de ir de menos a más, pero hay cosas que van a tratar de interrumpir ese desarrollo y crecimiento que Papá quiere darnos. Por ejemplo, a veces nos formamos estereotipos, rotulamos las situaciones, nos manejamos según valores que son distintos de los valores del reino.

Hay una historia un poco graciosa que menciona Charles Swindoll acerca de alguien que se manejó por sus propios prejuicios con su perro.

Un hombre se levantó una mañana, miró por la ventana y vio a su rottweiler con algo en su boca.  Casi se infarta cuando descubre que lo que tenía entre sus mandíbulas era el conejo del vecino, entonces se desesperó y pensó en una posible solución. Agarró con mucho cuidado al conejito muerto, lo llevó a la cocina, lo lavó bien, lo secó con el secador de pelo y cuando llegó la noche saltó la verja y lo dejó en su jaula en el patio de la casa de al lado, luego se fue a dormir esperando que todo estuviera solucionado. Pero al día siguiente escuchó que golpeaban la puerta, se asomó y vio al vecino, que traía el conejo en la mano, y le dijo “Juan tenemos un verdadero problema en el vecindario, alguien está muy enfermo, porque mi conejo se murió hace tres días y no sé quién lo desenterró, lo bañó y lo volvió a poner en su jaula”.

¿Se dan cuenta? Juan interpretó según sus propios criterios “mi perro es un asesino” y el perro no tenía nada que ver… a veces nosotros nos manejamos así con preconceptos, con prejuicios, con los valores que tenemos incorporados.

Pastores Patricia y Gabriel Nonini

Todos tenemos prejuicios. Suena fuerte y tal vez tu primera reacción sea pensar “Yo no”. Pero si te detenés un poco a evaluar tus reacciones sin ponerte a la defensiva, seguramente descubras que tenés alguno.

¿Qué es un prejuicio? La palabra prejuicio deriva del latín praeiudicium ‘juicio previo’ ‘decisión prematura’ y significa: Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.  (Diccionario de la lengua española)

Ser cristiano no nos exime de tener preconceptos. Si no preguntale a Pedro… Había pasado tres años con Cristo, lo vio relacionarse con todo tipo de personas y él participó gustosamente de esos encuentros. Sin embargo tenía costumbres muy arraigadas acerca de lo que era correcto o no.

Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta.  Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.

Hechos 10:9-16 (RVR60)

Su tradición judía le impedía comer cierto tipo de alimentos y él la obedecía fielmente, pero en esta ocasión una voz desde el cielo le dijo que comiera esos alimentos prohibidos. La escena se repitió tres veces, y solamente cuando Pedro fue a la casa de Cornelio quien para él era un gentil y vio el obrar de Dios en toda esa familia entendió de qué se trataba.

Cuando Pedro entró, Cornelio salió a recibirlo, se inclinó a los pies de Pedro y lo comenzó a adorarlo. Pero Pedro hizo que se levantara y le dijo: —¡Levántate! Yo soy tan solo un ser humano.

Mientras hablaban, Pedro entró y vio que se había reunido mucha gente. Pedro les dijo: —Ustedes saben que no es permitido para los de mi nación reunirse o entrar a la casa de alguien que no sea judío. Pero Dios me ha mostrado que no debo menospreciar ni llamar impuro ni ordinario a nadie. Así que cuando me llamaron, vine sin poner excusas. Ahora yo les pregunto: ¿Por qué enviaron por mí?

Entonces Pedro dijo: —Ahora entiendo que de verdad para Dios todos somos iguales. Dios no discrimina a nadie, sino que acepta al que le honre y lleve una vida recta.

Hechos 10:25-29, 34-35 (PDT)

Dios había utilizado una figura muy fuerte de la cultura judía para recordarle a su discípulo que Él no hacía diferencias entre las personas y que todos tenían acceso a la salvación. Y si Pedro no hubiera sido obediente, a pesar de sus prejuicios, Cornelio no hubiera escuchado nunca el mensaje.

Puede parecerte un ejemplo un poco extremo, pero a veces nuestra manera de pensar puede limitar o aun ser un fuerte obstáculo para que Papá pueda obrar con libertad en nuestra vida y en la de aquellos a los que Él desea revelarse.

Tomá un momento y pedile al Espíritu Santo que te muestre cuáles son los prejuicios que tenés tan incorporados que ya perdiste la posibilidad de darte cuenta y luego clamá para que Él los cambie.

Mónica Lemos