Me has dado tu escudo de victoria; tu ayuda me ha engrandecido. Has trazado un camino ancho para mis pies a fin de evitar que resbalen.
2° Samuel 22: 36 y 37 NTV
Corazón valiente es una película que narra la vida de William Wallace, un hombre cuyo objetivo fue liberar a Escocia de la tiranía de un monarca. ¿La viste? La menciono como ejemplo porque reconstruye con gran realismo la forma de combatir en la antigüedad. Ahora, imaginá por un momento un tipo de lucha similar pero muchísimos años antes de Cristo. Seguramente las armas eran mucho más rudimentarias y los luchadores tenían que echar mano de lo que disponían para defenderse de sus enemigos o para conquistar nuevos territorios.
En el texto de hoy David menciona sus experiencias como guerrero. En ese tiempo era habitual que los hombres que iban a la batalla fueran con su escudero, la tarea de esta persona era llevar las armas para entregárselas al luchador a medida que las necesitara. Esto lo liberaba de llevar peso innecesario y podía poner toda su atención en la contienda.
David fue en una época escudero del rey Saúl, así que conocía esa tarea. Posteriormente le tocó librar sus propias batallas y, en un sentido figurado, Dios mismo se convirtió en su perfecto escudero. Le dio las armas adecuadas para cada lucha, le proveyó siempre un escudo que le garantizara la victoria, lo libró de la angustia y lo hizo andar por caminos espaciosos.
La palabra angustia deriva del latín y significa “angosto”. Conocer este significado hace que el texto que sigue adquiera una dimensión diferente.
Al SEÑOR invoqué desde la angustia, y el SEÑOR me respondió poniéndome en lugar espacioso.
Salmos 118: 5RVA-2015
¿Recuerdan cuando le tocó enfrentar al gigante filisteo? Saúl le ofreció su armadura, pero este jovencito no estaba acostumbrado a usarla y ni siquiera podía caminar con semejante peso. Ahora, tenía una ventaja que nadie conocía: su confianza en el nombre del Señor de los ejércitos, Aquel que nunca perdía frente a sus enemigos. ¡El triunfo estaba asegurado!
Nuestro Papá desea sacarnos de la estrechez que nos oprime el pecho y llevarnos hacia un lugar donde hay espacio y oxígeno suficiente para que podamos respirar su paz. Es por eso que más adelante el apóstol Pablo nos desafía a utilizar nuestra confianza en Dios como un escudo para protegernos de los ataques del enemigo.
Que su confianza en Dios los proteja como un escudo, y apague las flechas encendidas que arroja el diablo.
Efesios 6: 16 TLA
El escudo protegía la parte frontal del cuerpo del guerrero, le permitía avanzar seguro mientras las flechas encendidas se apagaban al chocar contra la coraza que lo cubría.
Tu confianza en Dios, basada en tu experiencia personal con Él es tu mejor protección en tiempos de crisis. Las flechas que pretendan herirte se estrellarán contra la muralla celestial.
Mónica Lemos
