Enseguida Eliseo le dijo a Giezi: «¡Prepárate para salir de viaje, toma mi vara y vete! No hables con nadie en el camino. Ve rápido y pon la vara sobre el rostro del niño».
Pero la madre del niño dijo: «Tan cierto como que el Señor vive y que usted vive, yo no regresaré a mi casa a menos que usted venga conmigo». Así que Eliseo volvió con ella.
Giezi se adelantó apresuradamente y puso la vara sobre el rostro del niño, pero no pasó nada. No daba señales de vida. Entonces regresó a encontrarse con Eliseo y le dijo: «El niño sigue muerto».
En efecto, cuando Eliseo llegó, el niño estaba muerto, acostado en la cama del profeta. Eliseo entró solo, cerró la puerta tras sí y oró al Señor. Después se tendió sobre el cuerpo del niño, puso su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos. Mientras se tendía sobre él, ¡el cuerpo del niño comenzó a entrar en calor! Entonces Eliseo se levantó, caminó de un lado a otro en la habitación, y se tendió nuevamente sobre el niño. ¡Esta vez el niño estornudó siete veces y abrió los ojos!
Entonces Eliseo llamó a Giezi y le dijo: «¡Llama a la madre del niño!».
Cuando ella entró, Eliseo le dijo: «¡Aquí tienes, toma a tu hijo!». Ella cayó a los pies de Eliseo y se inclinó ante él llena de gratitud. Después tomó a su hijo en brazos y lo llevó abajo.
2° Reyes 4:29- 37
¿Cuál te parece el mayor de los milagros?
Este es un relato tan rico como sorprendente. No solo por las manifestaciones de poder de Eliseo, sino también porque cada uno de los integrantes de esta historia hicieron su parte para que sea realidad.
. Una mujer dispuesta, hospedadora, que arrebató bendiciones con su manera de vivir
. Un esposo amoroso, siempre dispuesto a ayudar a su esposa
. Un sirvió abnegado, astuto, obediente y muy fiel
. Un profeta agradecido lleno de poder y autoridad, que se dejaba guiar por Dios paso a paso
Sin lugar a dudas la mujer de nuestra historia era una experta en provocar milagros, pero necesitó del respaldo de su esposo. Ella supo a quién recurrir, por eso fue en busca del hombre de Dios, que fue canal para que el milagro de la vida se produzca. La mujer no se conformó; sino que luchó y defendió lo que había recibido. Su fe se mantuvo firme, confiando y demandando al autor del milagro, entonces obtuvo respuesta en otro milagro: su hijo volvió a la vida.
Pero no perdamos de vista que cada uno de ellos fue parte del milagro una y otra vez. Todos fueron usados por Dios para dejar asentado que los milagros son posibles para quienes viven dispuestos a recibirlos y también defenderlos.
Detectar los tiempos y la forma de ayudar a otros a recibir su propio milagro, también es ser parte de él.
Animar, sostener, estar atento a la necesidad ajena, también es ser vehículo de milagros, porque indudablemente todos necesitamos a otros en el proceso de la bendición.
Quien desata la obra de Dios no es solamente una persona, y esto queda claro en el relato al ver a Giezi, un simple sirviente que ayudaba al profeta y lo acompañaba, y fue promotor del mayor milagro que ese matrimonio recibió.
Podés ser cualquiera de los personajes de esta historia si estás dispuesto a dejar a Dios obrar y poner a prueba tu fe para pedir y esperar milagros.
Al terminar esta semana te invito a pensar… ¿Uso mi capacidad de acompañar a otros a esperar, recibir o sostener un milagro?
Ruth O. Herrera
