El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”» (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria).
Juan 7: 37-39 TLA
Cuando el escritor escribe: “El último día, el más importante de la fiesta” se refiere a la fiesta de las cosechas cuando el pueblo agradecía a Dios por los bienes recibidos, días muy intensos de celebración. Es justamente ese día en el que Jesús muestra con toda claridad su poder cuando sanó a un paralítico que hacía 38 años que estaba postrado, después de preguntarle si quería realmente ser sanado. Una pregunta que requería un compromiso… decidir cambiar de vida.
Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
Juan 5: 5-9 TLA
Paradójicamente esta sanidad despierta celos, enojos, amenazas por no respetar el ritual de descanso. Una escena que describe la absoluta incapacidad de los religiosos para experimentar misericordia. ¿Cómo es que tomas tu lecho y andas en el día de reposo?
La actitud de quienes estaban esclavos de la religión dejo todavía más en evidencia la compasión y el sentido de vida de Jesús… hacedor de oportunidades de vida plena.
Después de transformar a un paralítico en un caminante feliz grito frente al pueblo las palabras de esperanza que la humanidad necesita cada día más: ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber!
El mismo que no perdía “oportunidades” para bendecir ofreció una gran “oportunidad” de vivir en abundancia.
Hoy no es muy común encontrar buenas oportunidades para superarnos en las diferentes áreas de nuestra vida. La vida cotidiana no presenta fácilmente alternativas laborales, económicas, sociales, de salud y hasta de estudio en igualdad para todos. Las diferencias sociales son cada vez más distantes. Pero Jesús vino a darnos igualdad de condiciones ofreciendo vida plena para “todo el que crea”. Nos iguala, nos define a todos como hijos con igualdad de herencia.
Creo que todavía Jesús sigue gritando su ofrecimiento y dando la gran oportunidad de vivir plenamente. Vos y yo, que ya lo escuchamos, tenemos que atraer a los paralíticos y a los religiosos hacia Él. Generadores de oportunidades, hablando, gritando, mostrando en actos de misericordia que el “agua viva” sigue fluyendo.
Provoca con el evangelio a los religiosos, a los que niegan a Jesús, los que niegan los milagros… Mira ahora a tu alrededor más cercano… invita a algún paralítico a caminar y beber del agua de vida. Ruth O. Herrera
