¿Qué es lo más importante?

Uno de los maestros de la Ley escuchó la conversación entre Jesús y los saduceos. Al ver que Jesús les respondió muy bien, se acercó y le preguntó: —¿Cuál es el mandamiento más importante de todos?Jesús le contestó: —El primero y más importante de los mandamientos es el que dice así: “¡Escucha, pueblo de Israel! Nuestro único Dios es el Dios de Israel.  Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales.”  Y el segundo mandamiento en importancia es: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo.” Ningún otro mandamiento es más importante que estos dos.

Marcos 12: 28-31 TLA

Re leyendo el libro de R Warren “40 días de amor” no pude dejar de reflexionar en este pasaje y en que las relaciones personales pueden ser maravillosas, pero también dolorosas. La persona con la que tenés más confianza, a la que le hacés confidencias que a nadie más harías es al mismo tiempo la que más puede llegar a lastimarte si utiliza alguna vez esa información en tu contra.

Esa es la razón por la que, generalmente, tratamos de ser cautelosos con lo que compartimos y además seleccionamos cuidadosamente a quién le revelamos nuestros sentimientos más profundos.

¿Conocés la historia de los puercoespines que tenían frío? La solución que encontraron fue, en resumen, acercarse lo suficiente como para darse calor, pero no tanto como para que las espinas del otro los pincharan.

Jesús, en cambio, no fue cauteloso ni se apartó de la gente por temor a sufrir. Al contrario, cuando estaba en esta tierra experimentó tanto la alegría como el dolor que producen las relaciones personales cercanas. Disfrutó de compartir la mesa con sus amigos Marta, María y Lázaro y también tuvo que sufrir la traición de Judas y la negación de Pedro, y los dos eran sus discípulos.

El Señor vino a este mundo para relacionarse con nosotros y de ese modo hizo posible que tengamos acceso a una nueva manera de relacionarnos con Dios y con los demás.

El Señor fue un experto en relacionarse con la gente. De Él aprendemos lo importante que son las relaciones personales.

Por eso cuando Jesús habló de las prioridades enseñó que debemos dar el primer lugar en nuestra vida a las relaciones. Primero con Dios y luego con los demás.

Él era un experto en establecer diálogos profundos, hacía preguntas y también respondía a las inquietudes que le planteaban. ¡A la gente le encantaba hablar con Él! Las multitudes, los religiosos de su tiempo y aún sus propios discípulos le hicieron preguntas de todo tipo. Cada uno de ellos con distintas motivaciones. Tanto la gente común como sus amigos preguntaban para saber. Los líderes religiosos, en cambio, solo querían hacerlo caer en alguna trampa.

Sin embargo, el Señor escuchó a todos con paciencia y respondió sabiamente a cada uno de sus interrogantes.

El texto de San Marcos citado al comienzo nos cuenta una de estas experiencias, un maestro que se hallaba entre la multitud le preguntó cuál era el más importante de todos los mandamientos. Jesús eligió solo dos: Amar a Dios con todo lo que somos y amar al prójimo como a nosotros mismos.

Desde el principio, Dios nos creó para que priorizáramos las relaciones con Él y con otros. ¿Por qué lo haría?  Porque estos dos tipos de relaciones son eternas.

El Señor sabía muy bien que los riesgos que implica desarrollar relaciones personales profundas nos tentarían a dejarlas de lado o posponerlas utilizando excusas varias: falta de tiempo, desilusiones del pasado, heridas, etc…

Lo que solemos pasar por alto es que si descuidamos las relaciones reduciremos nuestras vidas a charlas superficiales, simples pasatiempos, tareas o diversiones. Cuando decidimos restarle importancia a lo que el Señor establece como lo más importante solo quedaremos confusos.

Una vida sin relaciones personales profundas y significativas tal vez sea más sencilla, pero también es una vida vacía.

El camino a la vida más plena posible empieza cuando elegimos enfocarnos en las prioridades que Jesús mencionó en su respuesta: Nuestra relación con Dios y nuestra relación con el prójimo.

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.  Este es el primero y grande mandamiento.  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Mateo 22: 37-40 RVR60

Hoy es un buen día para que piense de qué manera estás relacionándote con Dios y con los que te rodean. Y si es necesario permitirle a Jesús que reordene tus prioridades para que lo más importante sea realmente lo más importante.

Mónica Lemos