¿Qué más?

El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes praderas me hace descansar,a las aguas tranquilas me conduce, me da nuevas fuerzasy me lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre.

Salmo 23: 1-3 DHH

¿Qué más podría pasar? ¿Cuántas veces te hiciste esta pregunta? Yo, muchas.

“Señor ya es suficiente, el dolor, la falta de salud, el sostener a otros… ya es suficiente”.

Muchas veces, las preguntas sin respuesta, o al menos sin las respuestas que deseamos, son preguntas incorrectas o incompletas.

El salmo 23 tiene entre sus palabras una esperanza tremenda, fruto de la intimidad de un hijo con su padre, pero casi siempre lo leemos con un tinte de resignación: “No queda otra”, “Es lo que hay”, “Si Dios quiere…”

Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Salmo 23: 4 DHH
(Énfasis del autor)

Confianza plena, esa que se experimenta cuando quien es tu referente de fortaleza te abraza apretado y sostenido. Escondida/o, en la absoluta seguridad… casi que no sé cómo expresarlo. No es poesía, es una entrañable realidad de falta de temor. Es que fuimos creados para ser hijos, hijas, escondidos entre los brazos fuertes del Padre eterno. De esto se trata lo que experimenta el salmista.

Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos; has vertido perfume en mi cabeza,y has llenado mi copa a rebosar. Tu bondad y tu amor me acompañana lo largo de mis días, y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

Salmo 23: 5-6 DHH
(Énfasis del autor)

Tal cual lo vivió Jesús, sentado en la última cena con Judas. En la misma mesa con quien representaba todo lo opuesto: su enemigo. Este salmo proféticamente se anticipó al Mesías, a su crisis, su dolor y su condena, pero también a los pastos frescos, verdes y al aroma de victoria que lo envolvería.

En lo personal todavía tengo que crecer en dependencia, quizás también te suceda. Estar impregnados, absolutamente consumidos por la obra del Espíritu que nos lleve a esa tremenda experiencia de sentarnos en victoria con nuestro “enemigos”, los externos y los internos, que muchas veces son más agresivos.

Hoy te invito a cambiar las preguntas. Cambiar la dirección de nuestros pensamientos y emociones. “En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce”

Papá… ¿cúales son mis campos verdes? ¿De qué aguas puedo saciarme?

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”

Dependencia, dependencia y más dependencia, y el agua fresca y los campos y lugares  de descanso no serán solo un deseo.

Ruth O. Herrera