¿Qué persigo?

Pero todo esto, que antes valía mucho para mí, ahora, a causa de Cristo, lo tengo por algo sin valor. Aún más, a nada le concedo valor si lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él y encontrarme unido a él; no con una justicia propia, adquirida por medio de la ley, sino con la justicia que se adquiere por la fe en Cristo, la que da Dios con base en la fe. Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos; haciéndome semejante a él en su muerte, espero llegar a la resurrección de los muertos. No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero.

Filipenses 3:7-12 DHH

 

Las personas a través del tiempo persiguen diferentes objetivos que van de acuerdo a la sociedad y el momento histórico en el que les toca vivir. En la actualidad, por ejemplo, se persigue y se busca con intensidad la felicidad de un buen pasar económico, consumo libre, la juventud permanente y el concretar cada uno de los deseos personales… También el conseguir lo último en tecnología, el cuerpo mejor modelado, la fama instantánea y tantas otras cosas que vemos en las redes sociales, medios de comunicación… Todos ideales inalcanzables que dejan personas vacías.

El dar respuesta a la necesidad espiritual queda en un segundo plano.

Todo esto es una gran oportunidad para la iglesia de Jesucristo que tiene un mensaje de vida, y vida plena.

 

El Apóstol Pablo tenía un linaje impecable, una conducta religiosa impecable, reconocimiento, formación académica, inteligencia, nada le faltaba… Aparentemente… Hasta que se encontró con Cristo y descubrió que todo aquello a lo que había apostado su vida ahora carecía de sentido, toda su vida se re-orientó y sólo perseguía una cosa

Por eso pudo decir “todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida, por amor de Cristo”.

 

Hoy te propongo que elijas un lugar tranquilo, apartes tiempo para orar pensando en tus propias metas. Sea cual sea tu edad, todos tenemos deseos, sueños, tareas y responsabilidades. El Espíritu Santo, que nos lleva a toda verdad, tiene las respuestas…

¿Qué perseguís realmente en tu vida? ¿Qué logros quedan por alcanzar?

¿Hacia dónde están orientados tus esfuerzos, tu tiempo, tus capacidades?

 

¿Será que podés tomar tiempo para repensar?

Tal vez necesites recordar aquel encuentro con Jesús que transformó y revolucionó tu vida y actualizarlo para que Él re-oriente prioridades, deseos y objetivos para un nuevo año renovando tu vocación en Cristo.

¡Él desea llevarte a un nuevo tiempo!

 

                                          Ruth O. Herrera