En esa época pensaba que todo eso era muy valioso, pero gracias a Cristo, ahora sé que eso no tiene ningún valor. Es más, creo que nada vale la pena comparado con el invaluable bien de conocer a Jesucristo, mi Señor. Por Cristo he abandonado todo lo que creía haber alcanzado. Ahora considero que todo aquello era basura con tal de lograr a Cristo. En él soy aprobado por Dios. No es que yo mismo me doy aprobación por lo que dice la ley, sino que Dios me aprueba por la fe en Cristo. La aprobación viene de Dios por la fe.
Lo que quiero es conocer a Cristo y experimentar el poder de su resurrección. Quiero compartir con él sus sufrimientos. También quisiera ser como él en su muerte, y de alguna manera poder alcanzar la resurrección de los muertos.
Filipenses 3: 7-11 PDT
Si te pregunto ¿qué perseguís? ¿Cuál es tu meta? ¿Cuál sería tu respuesta?
¿Tenés deseos de alcanzar una profesión? por ejemplo los que están estudiando medicina quieren recibirse, ser médicos y tratar las necesidades físicas de las personas…
¿Qué persigue un abogado cuando termina su carrera?, yo diría que el objetivo más extraordinario sería servir a las personas que sufren injusticia y hacerles justicia a través de su profesión.
¿Qué persigue un futbolista?, ser una estrella, ser famoso, ganar mucho dinero y después de eso ¿Qué más?
Vivimos en una sociedad que influye fuertemente en nuestras vidas aún como cristianos, tanto es así que todas aquellas cosas que han sido concebidas como vocación a veces han quedado de lado, y han empañado la obra del Señor en nosotros.
Podemos enumerar muchos ejemplos diferentes, pero más allá de todo esto, nosotros podemos ser profesionales, obreros, amas de casa, ciudadanos comunes, sencillos, humildes, taxistas, colectiveros, operadores de radio… podemos tener diferentes oficios y profesiones, pero en definitiva aquellos que hemos conocido a Jesucristo tenemos en realidad una vocación vital en nuestras vidas.
Pastor Hugo Herrera
Todos tenemos sueños que queremos alcanzar, pueden ser grandes y a largo plazo o sencillos y cotidianos, pero de una u otra manera queremos cumplir objetivos y alcanzar metas.
Generación a generación se persiguen diferentes objetivos que van de acuerdo a lo que la sociedad propone en el momento histórico en el que nos toca vivir.
Hoy luchamos por alcanzar seguridad económica, tener mínimamente asegurado el futuro y por eso, según la edad, invertimos en estudios o deseamos tener un trabajo estable. En casi todos los ámbitos se habla de que tenemos que lograr la autorrealización como si tuviéramos que justificar por qué vivimos.
La competencia está instaurada en todos los órdenes de nuestra vida. Es una realidad que, aunque alcancemos nuestras metas aun así algunas veces nos compararnos con otros. El placer inmediato, la gratificación, la juventud permanente, tener lo último en tecnología, y el boom de la fama instantánea en los medios y redes sociales son algunos ejemplos de lo que nos puede frustrar o hacernos sentir que no alcanzamos el ideal…
El Apóstol Pablo tenía un linaje impecable, conducta religiosa intachable, reconocimiento, formación académica, inteligencia, conocimientos, no le faltaba nada para ser un hombre exitoso, hasta que se encontró con Cristo y descubrió que todo aquello que había logrado perdía todo sentido. A partir de ese momento toda su vida se reorientó, y dejó de perseguir sus sueños para poder alcanzar a Cristo.
“Todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida, por amor de Cristo”.
Te propongo que en un tiempo de oración y con la ayuda del Espíritu respondas de manera personal ¿Qué estoy persiguiendo? ¿Hacia dónde están orientados mis esfuerzos, mi tiempo, mis capacidades?
Tal vez lo tengas re claro… tal vez no tanto. Quizás necesites reorientar tus deseos o cambiar tus prioridades. Todos vamos detrás de lo que creemos que es bueno, pero no siempre tenemos “lo bueno por basura”. ¡Sí! Pensarlo así es muy fuerte, pero no dejes de meditar en tus prioridades, deseos y objetivos y de orientarlos de acuerdo a tu llamado. Tenés una “vocación vital” que recibiste cuando te entregaste a Cristo ¡Él desea llevarte a un nuevo tiempo!
Ruth O. Herrera
