Quejas

Seguimos acompañando el estudio de las parábolas juntos a los grupos de red. Juntos en cada devocional, descubrimos nuevos desafíos

 Después, cuando les tocó el turno a los que habían entrado primero, pensaron que iban a recibir más; pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día Al cobrarlo, comenzaron a murmurar contra el dueño, diciendo: “Éstos, que llegaron al final, trabajaron solamente una hora, y usted les ha pagado igual que a nosotros, que hemos aguantado el trabajo y el calor de todo el día.”

Mateo 20: 10 -12 (DHH
(Énfasis del autor)

Los que habían entrado primero pensaron que recibirían más porque habían estado trabajando desde muy temprano. Su cálculo fue muy razonable: a mayor esfuerzo, mayor salario. Cuando cobraron, la realidad los golpeó. Recibieron el salario del día y comenzaron a criticar al dueño. ¡No era justo lo que acababa de suceder! Esa queja surgió cuando se compararon con los de la última hora.

Si sos sincero, tal vez puedas reconocerte en los quejosos de la historia. Desde chiquitos, se nos enseña a esforzarnos para obtener lo que deseamos y a destacarnos más que otros. Todo el sistema está diseñado para que la competencia sea casi una norma de vida. Y cada uno compite con lo que tiene y se compara con lo que le falta. La publicidad descubrió esto hace mucho tiempo y lo utiliza para vendernos todo tipo de propuestas.  Además, el uso de las redes sociales ha potenciado la comparación.

Estudios científicos recientes hablan de la depresión que sufren los jóvenes y también los adultos porque no tienen acceso a lo que creen que todos los demás disfrutan.

Un reconocido líder cristiano comentaba que la primera pregunta que le hacen sus consiervos cuando se reúnen en algún congreso es por la cantidad de miembros que tiene su congregación. ¿Por qué será importante ese dato? Sacá tus propias conclusiones.

Hay varios ejemplos bíblicos sobre este tema. Te recuerdo uno del Antiguo Testamento ¿Te acordás cómo se veían a sí mismos los espías que fueron a reconocer Canaán? como langostas porque se comparaban con los gigantes del lugar. Solo hubo dos que, en vez de mirar a los lugareños, pusieron sus ojos en Dios y se aferraron a la promesa.

En el Nuevo Testamento leemos la historia de Marta y María. Si Marta hubiera estado sola atendiendo a Jesús, seguramente hubiera disfrutado de agasajar al Maestro. Simplemente se sintió molesta cuando vio que su hermana estaba quieta a los pies del Señor. En ese momento la tarea se le hizo muy pesada…

El desafío de hoy es que puedas dejar ante Papá la necesidad de compararte con otros en cuanto a los recursos, ministerio, capacidades intelectuales, belleza o lo que sea que puedas incluir en la lista que te afecte personalmente. Él lo sabe y solo espera que reconozcas ese sentimiento que te limita y se lo entregues para que puedas disfrutar del llamado único que Él te hizo.

 

 

Mónica Lemos