—¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, clamaré y no oirás? ¿Hasta cuándo daré voces a ti diciendo: “¡Violencia!”, sin que tú libres? ¿Por qué me muestras la iniquidad y me haces ver la aflicción? He aquí que surgen pleitos y contiendas; la destrucción y la violencia están delante de mí. La ley pierde su poder y el derecho no prevalece porque el impío cerca al justo. Por eso sale torcida la justicia.
Habacuc 1. 2-4 (RVA- 2015)
(Énfasis del autor)
Hace muchos años, cuando yo recién comenzaba a caminar en la fe, escuchaba atentamente lo que me enseñaban, pero también hacía muchísimas preguntas. Asistía a mis clases de discipulado, anotaba lo que no entendía, indagaba y también planteaba dudas. Mis maestros de entonces tuvieron mucha gracia, amor y paciencia conmigo. También me dedicaron mucho mucho tiempo…
Uno de mis temas recurrentes eran los ¿por qué? Leía historias bíblicas, pero también veía la realidad cotidiana y participaba de ella, era consciente de la situación del país y muchas veces me quejaba ante Dios (aunque sentía culpa por hacerlo).
Con el tiempo aprendí que hay dudas y quejas que nacen de la incredulidad o del egoísmo y otras que se originan en el deseo de que Papá obre de acuerdo con lo que es su esencia: buscar el bien de todos y desbaratar los hechos de injusticia que perjudican a los más vulnerables.
Recordé esa etapa de mi vida cuando la semana pasada orando, vino un texto a mi espíritu. En ese momento no lo entendí, para mí no tenía sentido. Por eso decidí leer todo el libro de Habacuc. Es muy corto, solo tres capítulos, pero muy intenso. Su lectura sobrepasó ampliamente mis expectativas iniciales.
Te preguntarás cuál es la relación entre lo que vengo contándote y este pequeño libro. Bien, ahí va: Habacuc fue un profeta que conocía el carácter de Dios y también veía la situación de profunda crisis que atravesaba su pueblo, por eso se quejó ante Él.
Eres demasiado limpio como para mirar el mal; tú no puedes ver el agravio. ¿Por qué, pues, contemplas a los traidores y callas cuando el impío destruye al más justo que él?
Habacuc 1. 13 (RVA- 2015)
(Énfasis del autor)
Sus reclamos parecen salidos de un diario actual. Tienen plena vigencia. Al observar la realidad de su tiempo, se enoja, su paciencia se agota. Da voces y pregunta porque conoce a su Dios. El capítulo uno comienza con el registro de sus quejas. Sus cuestionamientos se resumen en dos preguntas muy concretas: ¿hasta cuándo? y ¿por qué?
Cuando observás diariamente lo que sucede en nuestro país e incluso en el mundo ¿no te preguntás hasta cuándo? ¿No sentís frustración cuando insistís una y otra vez y parece que desde el cielo solo hay silencio? Cuando desde hace muchos años frente a tus ojos desfilan la aflicción, la injusticia, el resquebrajamiento del tejido social y la violencia ¿no te dan ganas de quejarte? Si tu respuesta es “sí”, enfocá tu reclamo en la dirección correcta. Seguí yendo a la presencia de Dios aun con lo que no podés entender. Derramá tu corazón delante de Él y prestá atención. ¡Justamente eso es lo que decidió hacer este hombre!
Estaré atento y vigilante, como lo está el centinela en su puesto, para ver qué me dice el Señor y qué respuesta da a mis quejas.
Habacuc 2. 1 (DHH)
(Énfasis del autor)
El Dios a quien adoramos y en quien confiamos es lo suficientemente fuerte como para aceptar tu clamor y tu queja sin escandalizarse ni ofenderse. Al contrario, la historia registra que muchos de los cambios sociales nacieron de la insatisfacción de los hijos del Señor ante la realidad que enfrentaban y de la certeza de que el mismo que escuchaba sus gritos podía revelarse a ellos para que fueran parte de la transformación que deseaban ver.
Mónica Lemos
