«Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad».
Filipenses 2:13, RVR60
Es emocionante comprobar que el Rey del universo de alguna forma se asocia con nosotros para llevar adelante sus designios. No hay manera de merecer un privilegio así, sobre todo teniendo en cuenta lo desparejo de nuestra relación con Él. Estas son semanas especiales en las que sentimos que, al caminar, estamos dando pasos que ya han sido trazados (Efesios 2:10). Como si el cielo y la tierra se unieran para alcanzar corazones.
Lo que estamos transitando a través de estos 40 días no es solo un plan de oración, sino también de acción, porque estamos convencidos de la verdad expresada por Pablo en nuestro versículo de hoy. Esta misma frase en la versión NTV dice: «Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a él le agrada».
Más que solo desear
Es muy bueno soñar despierto con cosas que pueden ocurrir y mucho más cuando entendemos que vienen de parte de Dios. Pero su Palabra hoy nos recuerda que Él no solo implanta anhelos en nuestro interior, sino además, la capacidad y el poder para que estos se lleven a cabo.
La vida que el Señor espera para sus hijos no está compuesta solo de deseos, sino también de acciones. En el Nuevo Testamento, al final de los cuatro evangelios, comienza un libro clave que muestra el inicio, el rumbo y la razón de ser de la Iglesia. Ese libro no se llama oraciones, tampoco se llama deseos o declaraciones; se llama «Hechos». Acciones concretas que el Espíritu Santo realizó a través de nuestros primeros hermanos.
Dios no nos quiere encerrados
Por supuesto que en ese libro encontramos momentos potentes y determinantes de oración y adoración, pero al recorrer sus veintiocho capítulos queda más que claro que aquellos creyentes no se quedaron encerrados clamando. Como su nombre lo indica, el libro está plagado de acción, de movimiento y de misión.
No existe razón bíblica alguna para interpretar que Dios nos quiere dentro de un cuarto de oración 24/7. Definitivamente esa no es su voluntad. Por eso en este día, llegando casi a la mitad de nuestro plan, vamos a enfocarnos en la segunda parte de la frase de Filipenses que hoy analizamos.
Dado que desde el cielo no solo vienen los deseos sino también el poder para llevarlos a cabo, tener fe no significa que nuestra tarea solo pasará por sentarnos a esperar con paciencia una respuesta. Es cierto que habrá momentos en los que todo dependerá de Dios, ya que ciertos milagros no están a nuestro alcance. Algo así les pasó a los hebreos cuando, saliendo de Egipto, se encontraron en una verdadera encrucijada. Dios les llegó a decir: «Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes» (Éxodo 14:14 NVI). Pero no podemos cometer el error teológico y existencial de pensar que así funciona la vida en todos sus aspectos.
Haciendo nuestra parte
Hay muchas cosas que nos exceden, y para eso contamos con el poder sobrenatural de Dios, pero hay una buena parte que sí está en nuestras manos porque Él así lo quiso y debemos manejarla con diligencia, sin ser perezosos ni negligentes.
Como parte de esta campaña para alcanzar con el Evangelio a cinco amigos, no solo oramos esperando que Dios abra corazones, situaciones y oportunidades, también incluiremos en la misma oración el paso concreto de tomar la agenda, anotar y actuar en consecuencia y con fe.
Venimos reflexionando juntos acerca de la poderosa herramienta de sentarnos en una mesa a compartir con otros. Más allá de las diferentes realidades de cada uno, en nuestra cultura argentina generalmente solemos desayunar, almorzar, merendar y cenar cada día. Visto así, en la semana tendríamos 28 momentos para comer algo. ¿Y si destináramos uno solo de esos momentos en la semana para compartirlo con alguien que necesita de Dios?
Hoy nos decidimos a tomar la iniciativa y dejar de esperar que las cosas sucedan solas. Con la ayuda y el poder del Señor y con nuestra forma de andar, comencemos a escribir diariamente nuestro propio libro de «Hechos».
Acción:
Hoy vamos a decidir separar un momento específico en cada semana, para destinarlo en forma permanente para compartir una mesa con alguien que necesita de Dios.
Oración:
Pedimos para actuar en ese poder que Dios nos da juntamente con los deseos e impulsos que Él pone en nuestro corazón.
Oramos para ser iluminados y así descubrir lo que nos toca ejecutar a nosotros en cada cosa que pedimos.
Argentina Oramos por Vos
40 días de ayuno, oración y acción 2025
