Quiero avivamiento… pero no quiero cambios

Después de estas cosas derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad: los hijos e hijas de ustedes profetizarán, los viejos tendrán sueños y los jóvenes visiones. También sobre siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días; mostraré en el cielo grandes maravillas…

Joel 2: 28-30 DHH

 

Necesitamos una renovación constante en la comunión con el Señor. Renovación no es lo mismo que avivamiento; el avivamiento espiritual nos hace salir de nuestro confort, de nuestra comodidad, comenzamos a atender las necesidades de otros, a servir y desatar Su bendición de manera contundente. La realidad no nos pasa desapercibida por estar en nuestra propia realidad espiritual. 

En los avivamientos se está centralizado en el plan y el propósito de Dios, en pensar en cómo bendecir. Para esto es necesario estar vacíos de fórmulas, hábitos, programas estructurados que no permiten el fluir del Espíritu Santo para dar lo que Dios tiene a los demás. 

En el Nuevo Testamento, fue Jesús quien hizo una gran revolución y avivó los corazones que hacía casi seis siglos estaban muertos y vivían en la oscuridad y la esclavitud, para que se cumplieran las profecías. 

Hoy, Dios quiere que busquemos lo nuevo que quiere darnos y que seamos capaces de recibirlo. No es fácil poder movernos en direcciones desconocidas, pero si tenemos la certeza de que Dios está obrando, arriesgarnos es parte de su plan maravilloso.

Dios nos propone un cambio que trae nuevas oportunidades para que, como iglesia, como familias y como individuos Él pueda manifestar Su amor y salvación… La gran pregunta es: ¿estamos dispuestos y listos para lo nuevo?

Recuerdo una historia que escuché hace algunos años de un hombre que se fue a vivir a EE.UU. y no sabía inglés y a la hora de comer lo único que sabía pedir era hamburguesa y Coca cola, así que cada día comía lo mismo sin ningún riesgo. Pasaron dos semanas y ya no disfrutaba de comer, entonces le preguntó a alguien que sabía español qué otra comida le recomendaba y cómo pronunciarla. Así que fue a comer y según le habían dicho se arriesgó y leyendo un papel dijo en su muy pobre inglés: Quiero papas, huevos, y tocino. Pero cuando el mozo le preguntó: ¿cómo quiere los huevos, revueltos o con tocino, y las papas, fileteadas o fritas? El hombre no quiso arriesgarse ni cambiar su rutina y respondió: “Traiga una hamburguesa con Coca cola”.

¿Estás dispuesto a cambiar tu rutina por lo desconocido de Dios? No siempre decidimos o elegimos los cambios. Cuando el desafío es muy grande, y nos cambian el plan, nos sentimos inseguros e incómodos… y a veces retrocedemos y volvemos a lo conocido y seguro.

La profecía de Joel se sigue cumpliendo en cada iglesia, familia y persona que está dispuesta a poner la mano en el arado sin mirar atrás. Tu decisión también sostiene y deja avanzar a la iglesia. Tu predisposición a no juzgar y ser parte de mover del Espíritu involucrándote… siendo parte.

Cuando esta semana te sientes a la mesa de Papá… ¿Qué vas a comer?

 

Ruth O. Herrera