La voz de nuestro Dios retumba con fuerza; la voz de nuestro Dios retumba con poder.
La voz de Dios sacude el desierto.
Salmo 29: 4 y 8a TLA
Esta semana de devocionales Jesús fue el absoluto protagonista. Su firmeza y convicción para no defraudar al Padre sigue siendo lo que necesitamos en este tiempo.
Él es quien nos enseña, nos inspira y nos guía; quien nos deslumbra en cada relato cuando su soledad y abandono fueron bañados por la determinación de su amor incondicional, el mismo amor que hoy te rodea y abraza a pesar de vos mismo.
Lo peor de la soledad a veces no es el silencio, sino encontrarnos escuchando nuestra propia voz, nuestra propia respiración cargada de angustia. La experiencia de atravesar un desierto es peor cuando uno se va haciendo más consciente de su sed. Llega un momento en que es imposible avanzar, porque lo único en lo que pensamos es en lo que nos falta.
Por eso necesitamos ir a quien a pesar de cualquier soledad conocía la voz de su Papá y la escuchaba cada día, buscabando oír la fuerza y el poder del sonido que sacude los montes diciendo: “Mío eres tú, yo te elegí, eres mi hijo amado”
Al anochecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: —Vamos al otro lado del lago. Entonces dejaron a la gente y llevaron a Jesús en la barca en que ya estaba; y también otras barcas lo acompañaban. En esto se desató una tormenta, con un viento tan fuerte que las olas caían sobre la barca, de modo que se llenaba de agua. Pero Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: —¡Maestro! ¿No te importa que nos estemos hundiendo?
Jesús se levantó y dio una orden al viento, y dijo al mar: —¡Silencio! ¡Quédate quieto!
El viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo. Después dijo Jesús a los discípulos: —¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?
Ellos se llenaron de miedo, y se preguntaban unos a otros: —¿Quién será éste, que hasta el viento y el mar lo obedecen?
Marcos 4:35-41 DHH
Los discípulos escucharon hablar a Jesús todo el tiempo que compartieron juntos, pero no siempre su voz les impactó tanto como en aquella barca, cuando el miedo y la inseguridad se apoderó de ellos, pero Jesús una vez más habló dando la respuesta oportuna. ¡Hasta la tormenta reconoció su voz!
Quizás estés atravesando una tormenta, pero en lugar de viento y agua, lo que está haciendo ruido y desestabilizando tu barca sean las acusaciones ajenas, la incomprensión, el miedo al futuro, la inseguridad económica o la falta de compañía. Pero te aseguro que aprender a distinguir Su voz de entre las miles de voces que escuchamos todo el tiempo es un desafío continuo y a la vez nuestra mejor garantía para andar en Su voluntad y así tener una vida plena.
Tu desierto y el mío, la soledad y las tormentas se apaciguan al leer sus promesas e identificar el poderoso pero apacible sonido de su boca.
Jesús hoy sigue hablando, su voz tierna y firme sigue declarando su perdón y su restauración, su paz y su ánimo, su calma y su sosiego.
Mi Padre me ha dado todo. Nadie conoce al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera mostrárselo.
“Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso. Mi enseñanza es agradable y mi carga es fácil de llevar”.
Mateo 11: 27-30 PDT
Yanett Sokur
Ruth O. Herrera
