Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz.
Lucas 11: 33
Este es un pasaje muy conocido y a la vez absolutamente desafiante. Jesús dijo de sí mismo ser “la Luz del mundo” y al decirlo estaba siendo su experiencia, desde siempre fue la luz que dejó en evidencia la oscuridad de las tinieblas.
Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo: —Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad.
Juan 8: 12 DHH
(Énfasis del autor)
En este relato, Jesús ya había expuesto públicamente a los hombres que acusaban a una mujer sorprendida en adulterio, exhibió la luz frente a la hipocresía y dejó abierto el camino para una mujer en graves problemas. Poco después volvió a hablar con los acusadores y, de alguna manera, les dijo: “Si buscan mi opinión y mi palabra… yo voy a publicar la oscuridad de sus vidas… porque soy la luz del mundo y nada queda oculto ante mi presencia”.
Si tenés una luz es para salir y alumbrar en cada lugar adonde vas, porque el Señor te entregó de su propia luz para que brilles en las tinieblas e impactes vidas.
Las siguientes preguntas son fáciles de hacer, pero muchas veces difíciles de contestar: ¿A cuántas personas les hablaste de Cristo la última semana? ¿Cuántos conocieron a Cristo y le siguieron por tu testimonio y tu palabra a lo largo de tu vida… te acordás?
Es difícil invertir la vida como una luz constante, pero cuando lo hacés y alumbrás con tu obrar a otros es posible que veas cómo florecen cosas extraordinarias. Personas que ven el amor de Dios realmente, que se ven a sí mismas y aceptan que necesitan a Jesús en sus vidas.
El desafío está planteado desde el principio: es salir con la luz del evangelio de manera visible y extrovertida, para llevar un mensaje de claridad a los lugares donde hay tinieblas y no esconder nuestra lámpara. Solos, en nuestra rutina, o asociados como iglesia, pero determinados a alumbrar en la oscuridad.
Si no lo hacemos nosotros… ¿Quién lo hará?
Hoy podés mirarte a vos mismo y elegir entre la luz o la oscuridad, los milagros o la frustración. Es un buen día para que digas con convicción: “quiero ser luz”. Salir a la calle con la determinación de hablar de Jesús todas las veces que puedas. Hoy podés provocar en cada encuentro, aun casual, un tiempo en el que la luz exponga sabiamente las tinieblas. Vos y yo somos los responsables de que otros vean que Jesús es la luz del mundo
Ruth O. Herrera
