En él Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden. Además, Cristo es la cabeza de la iglesia, que es su cuerpo. Él, que es el principio, fue el primero en resucitar, para tener así el primer puesto en todo. Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz. Ustedes antes eran extranjeros y enemigos de Dios en sus corazones, por las cosas malas que hacían, pero ahora Cristo los ha reconciliado mediante la muerte que sufrió en su existencia terrena.
Colosenses 1: 16-22 DHH
Por medio de Cristo Dios se dispuso reconciliar consigo todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra.
Por eso si leés detenidamente el libro de Romanos dice que aún la creación gime a una con dolores de parto esperando nuestra redención, y la libertad absoluta de los hijos de Dios. La creación clama por nuestra salvación completa porque también fue sujetada a vanidad.
La tierra padece hoy el resultado del desorden del hombre, el mal uso de los recursos naturales, tal es el desorden que hoy mismo escuché la noticia de que en Mendoza, en la localidad de Maipú la laguna del Viborón se secó totalmente. Los ríos no pueden alimentar esa zona que quedó sin su riego natural.
La humanidad, a través de los años, sigue provocando cada día más el desequilibrio ambiental.
Nos alimentamos mal, dormimos mal, y tenemos un stress inadecuado, aunque el mismo stress nos ayude a ponernos de pie, pero esto es incorrecto. Vivimos en una aceleración que no entendemos, no terminamos de concebir un cambio cuando otro aparece.
Todo esto afecta al hombre y a la tierra, por eso la creación gime.
Toda la creación de Dios está esperando con impaciencia el momento en que Dios muestre al mundo quiénes son sus hijos. La creación no pudo alcanzar su propósito original, pero no por causa de ella, sino porque Dios así lo dispuso. Sin embargo, queda esta esperanza: que la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para disfrutar luego la grandeza de los hijos de Dios. Todos sabemos que hasta hoy toda la creación se queja de dolor y sufre como una mujer con dolores de parto. No sólo el mundo, sino también nosotros sufrimos, pero ya tenemos el Espíritu como anticipo de la promesa de Dios. Ahora esperamos que Dios nos dé todos los derechos como hijos suyos cuando nuestro cuerpo sea liberado.
Romanos 8: 19-23 PDT
Dios quiere reconciliar en Cristo “todas las cosas”.
Jesús vino para “reconciliar”, “aproximar” al universo, y a todo lo creado, “porque en él fueron creadas todas las cosas, y son sustentadas”. También para “interceder” por nosotros y “mediar” entre Dios y los hombres.
Lo natural y lo espiritual “todo fue creado por medio de él y para él”.
Desde que fuiste engendrado el plan de Dios fue que tu naturaleza pecadora fuera restaurada y seas una nueva criatura para ÉL. Fuiste creado/a para alabanza de su gloria y para llegar a ser coheredero con Cristo. No hay plan más maravilloso ni esperanza más completa que esta.
El pecado cortó la perfecta relación que Dios diseñó originalmente entre el hombre y Él, pero Cristo restauró la condición humana y ya no hay más culpa ni separación para quienes aceptan ser “reconciliados”. Esa nueva relación tiene condición de pacto.
Este es un buen momento para que pienses cuáles son las áreas de tu vida que hoy necesitás reconciliar con Papá: cosas concretas, definidas, cotidianas como hábitos que no son sanos o costumbres nocivas que afectan tu cuerpo, desequilibran tu alma y debilitan tu espíritu.
A veces nos dejamos llevar por las modas sociales que nos distraen de una vida equilibrada y sana. La apariencia física suele exigirnos ejercitarnos, hacer dietas y no siempre somos equilibrados al encararlas; el horario laboral es cada vez más extenso y nos lleva a descansar poco; las presiones aun de los logros y éxitos no nos ayudan a vivir de manera sabia y equitativa. Nuestras decisiones más cotidianas pueden ser las más complicadas
Jesús fue sabio cada día al levantarse y al acostarse, y de una forma absolutamente normal nos enseñó y reconcilió a la humanidad de manera integral con la plenitud de vida.
Lo dijo y lo enseñó: “he venido para que tengas vida, y vida en abundancia”
Ruth O. Herrera
