Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo a través de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación. Esto quiere decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, sin tomarles en cuenta sus pecados, y que a nosotros nos encargó el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo, y como si Dios les rogara a ustedes por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: “Reconcíliense con Dios”
2° Corintios 5:18-20 RVC
(Énfasis del autor)
Somos los responsables ineludibles de provocar paz, accionar en dirección hacia la no violencia, en nuestra familia y nuestro entorno, en nuestro lugar de trabajo, de estudio o cualquier otro ámbito. La violencia sutil y la explícita se establecieron en nuestra sociedad y, si bien extirparla masivamente no es posible, sí podemos “ser pacificadores” al seguir los pasos de nuestro Maestro. Al leer hoy este devocional esperamos que el Espíritu te muestre de qué manera influir en la sociedad.
Desmond Tutu nació en 1931, era un pastor anglicano. Fue el primer Arzobispo anglicano negro de la Ciudad del Cabo y primer clérigo negro de la Iglesia de la provincia de África Austral, activista sudafricano. Se desempeñó como conferencista y autor, y se dio a conocer en todo el mundo durante la década de 1980 como un pacifista que se opuso duramente al apartheid. (El término apartheid significa «condición de estar separados» en el idioma afrikáans de los descendientes de los antiguos colonos holandeses, y designa las políticas raciales discriminatorias legalizadas del Gobierno de Sudáfrica que se aplicaron desde que en 1948 el Partido Nacional ganó las elecciones y hasta 1990).
Fue un firme partidario de la no-violencia y abogó por la integración racial. Denunció las atrocidades de la violencia de Estado y el racismo en el país, de formas diversas: condenando la política del gobierno racista blanco y, al mismo tiempo, rechazando la violencia terrorista como medio para luchar contra el apartheid.
Varios de sus sermones y escritos fueron compilados en los libros: “La intención divina” (1982) y “Esperanza y sufrimiento” (1983). Un año después de esta última obra, le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz, el cual recibió en Noruega. Algunos párrafos de su discurso fueron:
“Trabajemos para ser pacificadores, aquellos que se les da una parte maravillosa en el ministerio de la reconciliación de Nuestro Señor. Si queremos la paz, ya se nos ha dicho, trabajemos por la justicia. Volvamos nuestras espadas en rejas de arado.”
“Dios nos llama a ser colaboradores con Él, para que podamos extender su Reino de Shalom, de justicia, de bondad, de compasión, de cariño, de compartir, de risa, la alegría y la reconciliación, para que los reinos de este mundo, se conformen al reino de nuestro Dios y de su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos. Amén…”.
De una u otra manera nos enfrentamos a situaciones de falta de perdón, alejamiento de Dios, relaciones rotas, propias o a nuestro alrededor. Hagamos un poco de memoria… La pregunta hoy es: ¿Soy un ejemplo de reconciliación? Si somos seguidores de Cristo, quien vivió día a día la experiencia de la reconciliación, entonces la ecuación definitivamente debe ser “Yo soy un provocador, una provocadora de paz”.
Ruth O. Herrera
