Reconocer la voz de Dios

Pablo y sus compañeros intentaron anunciar el mensaje de Dios en la provincia de Asia, pero el Espíritu Santo no se lo permitió. Entonces viajaron por la región de Frigia y Galacia,  y llegaron a la frontera con la región de Misia. Luego intentaron pasar a la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús tampoco les permitió hacerlo. Entonces siguieron su viaje por la región de Misia, y llegaron al puerto de Tróade. Al caer la noche, Pablo tuvo allí una visión. Vio a un hombre de la región de Macedonia, que le rogaba: « ¡Por favor, venga usted a Macedonia y ayúdenos!» Cuando Pablo vio eso, todos nos preparamos de inmediato para viajar a la región de Macedonia. Estábamos seguros de que Dios nos ordenaba ir a ese lugar, para anunciar las buenas noticias a la gente que allí vivía.

Hechos 16: 6-10 TLA

(Énfasis del autor)

 

El apóstol Pablo desarrolló un ministerio como viajante, fundador de iglesias y escritor. Su estilo es reconocible en sus epístolas y en cada una de ellas adoctrinaba, formaba y aconsejaba a sus discípulos en cada ciudad donde había establecido una iglesia.

 

El relato de Hechos 16 es el comienzo de la congregación establecida en Europa, ubicada en Macedonia, que es hoy el norte de Grecia. Los primeros convertidos de la iglesia Pablo los contactó en el río Gragritis. Lidia, el carcelero y la muchacha con espíritu de adivinación fueron algunos de sus primeros miembros.

 

La carta a los efesios muestra con claridad el amor del apóstol hacia aquellos hermanos, que era reciproco. Y su nota predominante es el gozo de la vida cristiana

Algo que es sumamente claro es que Pablo fundó esta iglesia en absoluta obediencia al Señor.

“…Pablo tuvo allí una visión”. Esta frase es clave para entender que solo por sumisión y dejando de lado sus propias ideas o intenciones, Pablo llegó hasta Filipo.

 

Lucas, en el libro de Los Hechos, relata de primera mano los comienzos  en los que el plan de Dios involucraba no solo a estos hombres, sino a quienes “de antemano Dios había predestinado”.

 

Una de ellas era Lidia, de la ciudad de Tiatira, una comerciante de tela púrpura muy costosa, quien adoraba a Dios. Mientras nos escuchaba, el Señor abrió su corazón y aceptó lo que Pablo decía. Ella y los de su casa fueron bautizados, y nos invitó a que fuéramos sus huéspedes. «Si ustedes reconocen que soy una verdadera creyente en el Señor—dijo ella—, vengan a quedarse en mi casa». Y nos insistió hasta que aceptamos.

Hechos 16: 14-15 NTV

 

Hoy te invito a pensar en Lidia. Una mujer de la alta sociedad, con buen pasar económico, y los medios para ser una persona clave para iniciar aquella congregación.

 

Que Pablo era un apóstol lleno del Espíritu era obvio; y que Lucas tenía la edad y el llamado para realizar la tarea, también es muy claro. Pero fue Lidia quien los convenció para que aquella obra sea más efectiva.

 

Ella dispuso, junto a su familia, todas sus posesiones a favor del ministerio de Pablo. Esto muestra a las claras la pasión que el Espíritu Santo puso en ella, quien valoró y potenció aquella visita como algo clave, no solo para sí misma, sino también para su ciudad.  Descubrió, vio de antemano, se involucró y fue parte.  Su amor a Dios se hizo visible y Pablo y Lucas supieron aprovechar esa oportunidad, y aceptar la ayuda.

 

Muchas otras personas conocieron al apóstol y fueron impactadas por Dios, aunque no a  todos se los puede considerar “impulsores del evangelio”… pero todo inicia cuando Pablo reconoce la voz de Dios a través del “hombre de Macedonia”.

También personas como Lidia, que reconocen el obrar de Dios, son muchas veces la clave para que el evangelio impacte personas, familias y ciudades. Gente sencilla de corazón, pero decididas a involucrarse y comprometerse. Personas que se arriesgan a reconocer y obedecer la voz de Papá. Pablo fue completamente bendecido por aquellos que él también bendijo.

 

Disponernos a bendecir y potenciar el ministerio y la obra de otros… puede cambiar muchas vidas. Comprometernos en nuestra iglesia y apoyar a cada hermano que sirve a Papá, puede desatar vida abundante. No minimizar, por pequeña que sea, cada tarea en nuestra congregación, nos fortalecerá mutuamente.

Ruth O. Herrera