He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
Salmo 51:6; 10 RVR60
Esta semana nos detuvimos en algunos textos del libro de los Salmos que nos ayudan a aprender de las experiencias de sus autores.
El salmo 107 es un recordatorio de los hechos poderosos de Dios en favor de su pueblo. ¿Por qué en la Biblia se nos exhorta vez tras vez a recordar? Porque el Creador sabe que, una vez solucionado, olvidamos muy fácilmente aquello que en su momento nos produjo incertidumbre y nos llevó a pedir Su ayuda. Él quiere que nuestra dependencia sea constante y que no olvidemos todo lo que hizo y hace por nosotros.
Él siempre está dispuesto a enseñarnos y aconsejarnos en todo tiempo. Si se lo pedimos, Papá se hace presente especialmente en tiempos de crisis para que podamos experimentar personalmente que su amor y su interés por nosotros no fluctúa ni decae. Por eso el profeta Jeremías podía decir:
El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades.
Lamentaciones 3:22 DHH
David la mayor parte del tiempo vivió reconociendo al Señor y declarando que todo lo bueno que tenía provenía de Él. Cuando así lo hizo experimentó luchas, pero también logró grandes victorias. Llevó a Israel a una época de esplendor. Sin embargo, cuando tuvo poder durante mucho tiempo y la experiencia dada por sus anteriores logros, a veces creyó que podía hacer lo que quisiera solo porque era rey, se desenfocó, olvidó de a ratos Quién lo había puesto en ese lugar de preeminencia y cuando actuó de acuerdo a sus impulsos se equivocó, de tal manera que descuidó su relación con Dios, su sensibilidad a Su presencia se deterioró y llegó a desviarse de tal modo de la tarea para la cual había sido ungido que el Señor tuvo que enviarle a un profeta para que, por medio de una historia, le hiciera ver su pecado y volver en sí.
Podemos extraer enseñanzas de todas estas historias, tal vez a vos, como a mí, nos guste más identificarnos con las declaraciones de dependencia, la adoración, el pedido de consejo, el tener presente en todo tiempo la presencia de Dios, pero la verdad es que, si nos permitimos ser sinceros, aunque sea con nosotros mismos, tal vez debamos reconocer que no siempre vivimos así.
Es muy fácil deslizarnos de a poco, sin darnos cuenta, del propósito original y si seguimos en esa dirección y nadie nos advierte, podemos sufrir consecuencias que alteren nuestra vida, la de nuestra familia y aun el ministerio.
La buena noticia es que Papá insiste una y otra vez para despertar nuestra sensibilidad adormecida y que siempre tenemos la oportunidad de arrepentirnos y volver a sus brazos.
Alguien dijo alguna vez: “Lo que haya en el pozo, subirá en el balde”. No son las circunstancias las que nos hacen cometer deslices, apartarnos, distraernos, es lo que hay en nuestro interior que no ha sido descubierto a tiempo y presentado al Señor para que lo cambie.
A veces podemos verlo, pero generalmente no, por eso el salmista también escribió
¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.
Salmo 19:12 RVR60
Que el reconocimiento de tu propia incapacidad para percibir tus carencias y fallas te acerque cada vez más a Aquel que puede mostrártelas y darte el poder para cambiar.
