»Si un creyente peca contra ti, háblale en privado y hazle ver su falta. Si te escucha y confiesa el pecado, has recuperado a esa persona;
S. Mateo 18: 15 (NTV)
(Énfasis del autor)
Necesitamos entender lo que Cristo quiere hacer con nosotros. En los Evangelios, El Señor enseña cómo debemos actuar en ciertas circunstancias.
Jesús da algunas instrucciones que nos ayudan a mantener relaciones sanas con los demás y hay una en especial que tiene que ver con el perdón.
El perdón es una ley espiritual. No es algo natural. Uno nunca va a sentir la necesidad de perdonar. Cuando uno lo piensa racionalmente no tiene sentido.
¿Qué significa el perdón? No es hacer como que no me importa, no me pone en un lugar de debilidad porque perdoné a alguien que me hizo algo malo, que me dañó o le perdoné una deuda o no lo castigué como correspondía.
Perdonar significa que yo me corro del lugar de juez y confío que la justicia de Dios va a actuar ahí. Y yo sé que hay situaciones que son difíciles, tal vez hasta puedas pensar que son imperdonables. Sin embargo sé que el Señor a través del Espíritu Santo te puede asistir para que vos tengas victoria porque el primero que va a ser liberado sos vos. Acá no estamos dándole beneficio a aquel que es malo, sino a aquel que necesita creer y necesita que Cristo sea edificado en su vida.
Pastor Cristian Centeno
El contexto de este pasaje es la preocupación, el deseo, el interés de nuestro Señor por las personas. No olvidemos que Jesús comienza y sigue la conversación con un niño en medio de la escena. Así muestra claramente que Él valora a personas que para los demás pueden ser insignificantes.
Sus cálculos son opuestos a los de sus amigos. El ejemplo de la oveja perdida es muy gráfico. Muestra que para Él es más importante recuperar al que se perdió que quedarse cómodo con noventa y nueve. Pensemos un poco juntos ¿Le conviene al pastor económicamente hablando dejar noventa y nueve ovejas para ir a buscar a una? Si lo miramos humanamente, no.
Los parametros de Cristo son diferentes a los nuestros, el adulto debe ser como un niño y una sola persona tiene un valor incalculable, por eso sale a buscarla en lugar de quedarse cómodo con noventa y nueve que tiene aseguradas. Queda más que claro que nosotros deberíamos hacer todo lo posible por imitarlo. Recuperar una relación quebrada es importante porque a Él le importa.
Ahora bien, cuando alguien nos ofende, nos maltrata o nos humilla, nos causa dolor. Todos tenemos un sentido del bien y del mal, de la justicia y de la injusticia. Pero, a la vez, nadie es capaz de hacer el bien ni de ser justo siempre, por lo cual nosotros también transgredimos esas leyes.
La diferencia es que cuando la ofensa es contra nosotros podemos llegar a juzgar inmediatamente los motivos. En cambio, si hemos causado daño a alguien tendemos a justificarnos. Esto sucede desde el principio de los tiempos.
Solo Dios conoce las motivaciones y es el único que puede juzgar. Sin embargo, decidió no hacerlo y declararnos justos por medio de la fe en Cristo.
Pues el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos: es por fe, de principio a fin. Así lo dicen las Escrituras: «El justo por la fe vivirá.»
Romanos 1:17 (DHH)
Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Todos estábamos en esa condición y Él nos ha recuperado y perdonado. Por eso nos manda a hacer lo mismo. Pertenecemos a una comunidad y para que podamos guardar la unidad que el Espíritu produce es imprescindible que nos ejercitemos una y otra vez en perdonar y en pedir perdón.
Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.
Colosenses 3: 13 (NTV)
Mónica Lemos
