Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él, desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
Efesios 4: 21 al 24 (NTV)
(Énfasis del autor)
Desde hace un tiempo, más específicamente a partir de la pandemia, se habla de la necesidad de reinventarse para desarrollarnos en el tiempo en que vivimos.
Generalmente se lo asocia a adaptarse a los cambios tecnológicos, a aprender a trabajar en equipo y de maneras a las que no todos estamos acostumbrados. En fin, todo apunta a que debemos dejar atrás lo que hicimos hasta ahora y comenzar de nuevo, con nuevos paradigmas que nos permitan alcanzar el éxito en aquello que emprendemos o deseamos obtener.
Pablo también habló del tema, siglos atrás, pero relacionado con nuestra vida. La gran diferencia es que no parte de la necesidad, sino de la abundancia. ¿Qué quiero decir con esto? El texto comienza con la certeza de lo que ya hemos recibido y hace posible que podamos dejar lo viejo para entrar en lo nuevo.
Reinventarse o, mejor dicho, poner a un lado nuestra antigua manera de vivir para hacer lugar al obrar del Espíritu según su propósito.
El Espíritu Santo quiere y puede renovar nuestros pensamientos y actitudes para que podamos vivir y desarrollarnos en todos los ámbitos de acuerdo con la naturaleza que Cristo nos regaló a través de su sacrificio en la cruz.
Es práctico y oportuno que nos hagamos algunas preguntas, tales como:
¿Recibí a Jesús, pero vivo como antes de conocerlo? ¿En qué áreas?
¿Qué hábitos de la vieja manera de vivir todavía me controlan? ¿Soy consciente de que debo deshacerme de ellos?
¿Permito que el Espíritu Santo renueve mis pensamientos y actitudes?
El Señor sigue trabajando en todos nosotros. El proceso continúa…
Mónica Lemos
