Rendición

Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo. 

Filipenses 2:13 DHH
(Énfasis del autor)

Pablo les dice a los filipenses: ¡Cuentan con la ayuda del Señor para hacer el bien!  

Conociendo que en un primer paso ponemos en nuestro corazón el deseo, pero luego se hace difícil llevarlo a cabo; el apóstol insta a sus discípulos a insistir, a llegar, a HACER el bien.

Para que nadie encuentre en ustedes culpa ni mancha alguna

                                                                                                Filipenses 2:15 DHH

Como un padre a quien le gusta que se hable bien de sus hijos, Pablo quiere que se los reconozca “sin mancha”, y verdaderamente esto es un gran desafío, ser luz en la oscuridad. Ser conocidos y reconocidos como agentes de bendición.

Les aconseja que por su manera de vivir se los identifique de una manera especial, que su marca sea la de un pueblo que hace lo que Dios indica.

Debemos darle valor a la identidad que tenemos en Cristo. Estar orgullosos de nuestra identidad y de la vida que tenemos.

Una característica ineludible al ser hijos de Dios es el ser personas cuyo “sí sea sí y su no sea no”. Ser íntegros. Es necesario transferir la vida cristiana en lo que somos, por lo tanto, en lo que hacemos.

No se trata de hablar y no ser y vivir aquello que decimos. Porque no hay mayor experiencia que nuestra voluntad en perfecta unión con la voluntad de Dios: 

Jesús lo expresó contundentemente en su oración final: No lo que yo quiera Señor, sino lo que tú quieras”. 

La historia se dividió en dos por aquella decisión divina. “No lo que yo quiera sino lo que Tú” significó salvación, redención, salud, libertad, bendición para toda la humanidad.

Una declaración de “rendición” … No por falta de posibilidades o debilidad, sino justamente por fortaleza y amor.

La palabra de Cristo es nuestra guía y nuestra fuente de vida. Sin ella, estaríamos perdidos y sin dirección. Seguir su ejemplo y rendirnos es vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

La Palabra de Cristo nos enseña cómo vivir de acuerdo con la voluntad de Dios y nos da la fuerza para hacerlo. Para crecer en la fe. Para ser luz en el mundo.

Cuando tu voluntad está unida a la de Dios es por que voluntariamente decidís rendirte a Él.

Decidí que el sello en tu vida sea que se cumpla la voluntad de Dios, o como dijo Pablo hace dos mil años, que permitas que el Señor produzca en vos el deseo y la acción.

 

Ruth O. Herrera