Yo sé todo lo que haces; conozco tu duro trabajo y tu constancia, y sé que no puedes soportar a los malos. También sé que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa, sin cansarte. Pero tengo una cosa contra ti: que ya no tienes el mismo amor que al principio.
Apocalipsis 2: 2-4 DHH
(Énfasis del autor)
El apóstol Juan al escribir Apocalipsis dirige un mensaje a la iglesia en Éfeso, poderosa y fuerte, pero que había olvidado la primera pasión.
Éfeso era la ciudad portuaria más importante de Asia Menor. El libro de Los Hechos relata que el Apóstol Pablo la visitó durante su segundo viaje misionero y fue bien recibido por la comunidad judía que se reunía en las sinagogas. Así nació aquella iglesia.
Enfrentó oposición en sus comienzos, pero creció hasta convertirse en el centro misionero más importante de Asia Menor, por lo que se cree que las iglesias también nombradas en Apocalipsis fueron fundadas por la iglesia de Éfeso. Esto nos ayuda a entender por qué Dios le reclama el haber dejado su “primer amor”.
Como dijimos, fue una congregación que sufrió mucha oposición, pero resistió. Permaneció firme en su primera etapa, y así es como Dios la reconoce. Luego, el tiempo fue opacando y diluyendo la fuerza y el compromiso de sus comienzos, y como suele sucedernos a nosotros también, esta iglesia no pudo sostener su ritmo y avance. Comenzó siendo pujante, pero con los años se desgastó su pasión y su fidelidad.
Por eso, recuerda de dónde has caído, vuélvete a Dios y haz otra vez lo que hacías al principio. Si no, iré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, a menos que te vuelvas a Dios.
Apocalipsis 2: 5 DHH
Lo que describe este pasaje es lo que nos sucede en mayor o menor medida a todos los que decidimos por Cristo y somos impactados por el evangelio. Ese primer entusiasmo que nos caracteriza. Al estar llenos de su amor, aceptamos que Dios es todo para nosotros y por eso debemos ser la luz que ilumina al mundo, pero… va decayendo en el tiempo, y hasta a veces el amor hacia Dios se va opacando.
Todos podemos sufrir decaimiento y apatía espiritual. Con el paso del tiempo la religiosidad y la rutina cristiana pueden hasta alejarnos de Dios, perdemos así el contacto con la iglesia y hasta dejamos de practicar las obras que Dios nos preparó… A todos nos puede pasar.
Si te sentís en un impás o la rutina ha debilitado ese primer amor, necesitás volver al principio. Regresar al primer amor. Amar a Dios como Él te ama, y aunque sea de a poco recuperar tu pasión por Él. No solo tenés que recordar de dónde te sacó el Señor y el por qué te fuiste apagando. Podés hacer un giro, es decir, cambiar tu actitud y manera de pensar y volver a las primeras obras.
Dios quiere tu afecto y espera que cada mañana le digas en intimidad: “Dios yo te amo”.
Por eso, ya sea que tengas que volver al Padre, luches con tus tiempos y prioridades, o que estés en un buen tiempo de relación con el Señor te invito a renovar tu decisión y decirle: “Papá, enseñame a amarte bien, a amar a los demás verdaderamente, y a no perder el primer amor con que me llamaste. Instruime para hacer las primeras obras. Ayudame a ponerme de pie, a salir de mi apatía, desilusión y de ese desencanto que apagó en mi vida tu luz. Quiero vivir feliz en tu llamado para ser un cristiano verdaderamente eficaz y comprometido, que valore lo que Jesús hizo en la cruz”.
Pastores Ruth y Hugo Herrera
