Replanteá tu relación

Entonces les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy?

  1. Lucas 9:20 a (NTV)

 

Jesucristo vino a mostrarnos quién es Dios. Sabés que Dios se ha revelado cuando estás triste; cuando estás contento; cada mañana al levantarte… La revelación máxima es en la persona de Jesús.

De modo que hacés bien si cada día y en cada etapa de tu vida revisás quién es Jesús para vos, porque cuando te encontrás con Él, te encontrás con Dios.

Jesús murió por vos y por mí, Él vino por vos y por mí, vivió aun en la pobreza por vos y por mí. No tuvo dónde recostar su cabeza.

Nosotros tenemos el privilegio, la maravillosa experiencia de conocer a Cristo que es conocer a Dios y eso nunca termina. Vamos a seguir conociéndolo hasta el último minuto cuando suene nuestra campana para ir al cielo, hasta el último día.

 

La presencia de Dios está, la imagen del Señor es la que vos podés aprender de Jesús, pero la imagen de Dios está en tu vida porque cuando vino el Señor a tu vida obró algo que todavía continúa y lo que un día empezó Él lo va a trabajar, lo va a perfeccionar. Su presencia está. Es importante que no seamos hijos ausentes.

Pastor Hugo Herrera

 

Los evangelios registran muchas oportunidades en las que grandes multitudes seguían a Jesús, a tal punto que Él tenía que apartar un tiempo específico para poder estar a solas con su Padre e incluso para compartir encuentros con su grupo de discípulos. La gente lo seguía porque disfrutaba de su sabiduría y sencillez para enseñar, había sido alimentada y sanada de forma sobrenatural. ¡Hasta su manera de tratar a los niños era diferente! Pero… las multitudes son cambiantes, a veces pueden hacer un manto con hojas de palmera para dar la bienvenida al Rey y a la semana siguiente gritar “crucifícalo”.

 

La semana pasada celebramos la resurrección del Señor. De esos días, hay dos sucesos que me llaman la atención. Ninguno tiene que ver con multitudes, ni siquiera con grupos de personas. Se trata de dos reacciones totalmente inesperadas ante su muerte

 

Entonces Jesús soltó otro fuerte grito y dio su último suspiro.  Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.  El oficial romano que estaba frente a él, al ver cómo había muerto, exclamó: «¡Este hombre era verdaderamente el Hijo de Dios!».

San Marcos 15:37-39 (NTV)

 

¿Quién reconoce a Jesús como Hijo de Dios? la persona que menos hubiéramos imaginado: un militar romano encargado de custodiar a los que estaban en la cruz. imaginate… ¡si habrá visto morir gente!. 

La segunda reacción es aún más asombrosa. En este caso alguien desconocido le dice: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. ¡Declaración teológica impecable! ¿De parte de alguno de sus seguidores? En absoluto. La frase surge de los labios de un criminal.

 

Uno de los criminales colgados junto a él se burló: « ¿Así que eres el Mesías? Demuéstralo salvándote a ti mismo, ¡y a nosotros también!».  Pero el otro criminal protestó: « ¿Ni siquiera temes a Dios ahora que estás condenado a muerte?  Nosotros merecemos morir por nuestros crímenes, pero este hombre no ha hecho nada malo».  Luego dijo: —Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.  Jesús respondió: —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

San Lucas 23: 39-43 (NTV)

(Énfasis del autor)

 

Te propongo que a partir de estas lecturas te replantees qué tipo de relación tenés con Cristo. Yo necesito hacerlo porque a veces, a lo mejor te sucede algo parecido, estamos muy acostumbrados a leer las historias, incluso a poder recitarlas de memoria y a identificarnos automáticamente con los buenos, los que amaban al Maestro, los que lo seguían a todos lados. Cuando eso sucede, lo que dicen estas páginas de la Escritura acerca de estas dos personas nos desconcierta. No entra en nuestros parámetros.  Pero hay varias preguntas que podemos hacernos: ¿Quién era Jesús para las multitudes?  ¿Cómo lo veían sus propios discípulos, aquellos que compartieron con Él tres años de ministerio? ¿Quién es Cristo para vos y para mí?

 

Papá hoy te invita a renovar tu relación con el Señor y a revalorizarla. Pedile al Espíritu Santo que traiga un renuevo de amor y puedas recuperar tu capacidad de asombro.