Restauremos el altar

Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un establo.» En aquel momento aparecieron, junto al ángel, muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:

«¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!»

Lucas 2:11-14 DHH

Jesús nació como un bebé pobre ante los ojos humanos y, al mismo tiempo, con la “publicidad” más extraordinaria que un nacimiento pudiera tener: cientos de ángeles cantando a la vista de los humildes pastores de la zona. Nació en medio de la más imponente adoración, un altar directo del cielo.

En la Biblia, el altar es un lugar sagrado donde se ofrece sacrificio y adoración a Dios. En el Antiguo Testamento, el altar era un lugar central en la vida del pueblo de Israel, donde se ofrecían sacrificios y se celebraban rituales para honrar a Dios.

La adoración es un aspecto fundamental de nuestra relación con Dios y hoy, 25 de diciembre, tiene un sentido todavía más profundo.

En medio de la celebración y la alegría familiar, disponé un tiempo especial para adorar, para reflexionar sobre la venida de Jesús y para expresar una adoración y gratitud intensa. Como aquellos ángeles, que hoy vos mismo/a seas el altar de adoración.

Restauremos el altar, llevemos a Jesús a nuestras familias.

Ruth O. Herrera