Un día, Jesús fue a cierto lugar para orar. Cuando terminó, uno de sus discípulos se acercó y le pidió: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan el Bautista enseñó a sus seguidores. Jesús les dijo: —Cuando ustedes oren, digan: “Padre, que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios. “Ven y sé nuestro único rey.
Lucas 11: 1-2 TLA
(Énfasis del autor)
Esta versión de la Biblia es absolutamente contundente al pedir “SÉ NUESTRO ÚNICO REY”
Cuando Jesús enseñó a orar diciendo “venga tu Reino”, sus oyentes no escucharon una frase simbólica ni espiritualizada como muchas veces la entendemos hoy. Para ellos, la palabra “reino” tenía un significado concreto, político, social y existencial. Los discípulos vivían en una sociedad en la que un rey gobernaba con autoridad absoluta y su palabra era ley. Definía justicia, impuestos, protección, castigos y privilegios. En definitiva, determinaba el rumbo de la vida cotidiana en una realidad de opresión.
En los tiempos de Jesús, el pueblo de Israel se encontraba bajo el dominio del Imperio Romano y tenían un emperador lejano y gobernantes impuestos. Desde esta realidad el pueblo esperaba un Mesías-rey que los liberara del yugo romano. Por eso, hablar del “Reino de Dios” despertaba esperanza, pero también confrontación.
Pero el reino del que Jesús hablaba no se era como los reinos humanos. Él presentaba un Reino diferente, pero absolutamente real.
Con sus palabras Jesús no está enseñando una oración pasiva, sino una declaración profunda del establecimiento de una dependencia absoluta… “Que tu manera de gobernar se establezca aquí y ahora.”
En el reino de Dios Su autoridad no oprime porque restaura. Su poder no domina, pero sí libera. Su soberanía no aplasta porque da vida. Estas características eran visibles en Jesús cuando enseñaba, restauraba, perdonaba sanaba con autoridad y poder. En Él se encarnaba el Reino de los cielos.
“Jesús sos mi Rey” es sinónimo de: “Goberná mis decisiones”. “Goberná mis relaciones”. “Goberná mis palabras”. “Goberná mis pensamientos”.
Cuando oramos en el nombre de Jesús estamos declarando su reinado, y si declaramos su reinado en nuestra vida nos comprometemos a vivir bajo los parámetros de ese gobierno. ¿Cómo…? Viviendo en lealtad, obediencia, dependencia.
No es una oración cómoda, es una oración transformadora. Es una decisión engorrosa y complicada que deberíamos renovar todos los días.
De esto se trata el Reino de los Cielos. Así se experimenta que Jesús sea un Rey personal, que gobierne y dirija… Estamos tan acostumbrados a recitar esta oración que fácilmente se diluyen su intención y su fundamento.
Hoy te invito a pensar y meditar en Jesús como tu Rey personal: ¿Hasta dónde le permitís que te gobierne?
Ruth O. Herrera
