Ridículo

Jesús llegó a Jericó y comenzó a atravesar la ciudad. Allí había un hombre rico que era el jefe de los cobradores de impuestos. Su nombre era Zaqueo.Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero no pudo porque había mucha gente y él era bajito. Para poder verlo, salió corriendo, fue a un lugar por donde Jesús tenía que pasar y se subió a un árbol sicómoro.

Lucas 19:1-4 PDT

La historia de Zaqueo, registrada exclusivamente en el Evangelio de Lucas, es más que un que un relato sobre un hombre bajito que se subió a un árbol. Es una de las narrativas más profundas, subversivas y reveladoras de toda la Biblia sobre la gracia, la identidad y la transformación humana.

En tan solo diez versículos se describe el rotundo encuentro entre el rechazo social y la aceptación divina, entre la riqueza material vacía y la verdadera abundancia espiritual. 

Zaqueo representa a cada hombre y mujer que busca llenar el vacío interior con logros, dinero o poder, pero sin ningún resultado. Por otro lado, Jesús se revela como el buscador implacable, el Dios que irrumpe en las agendas humanas y se invita a cenar en medio de nuestras ruinas.

Jericó no era un pueblo polvoriento y olvidado; era conocida como la «Ciudad de las Palmeras», un oasis de riqueza y un centro comercial estratégico. El lugar de retiro de invierno del rey Herodes. Por esta ciudad pasaba una ruta comercial fundamental. Y donde hay comercio, el Imperio Romano pone impuestos. Roma no recolectaba los impuestos directamente; utilizaba un sistema de arrendamiento. Vendían el derecho de cobrar impuestos a los locales, quienes eran apoyados por la fuerza militar romana y debían entregar una cuota fija al imperio. Todo lo que cobraran por encima de eso, era su ganancia personal. El sistema estaba diseñado para la extorsión. A esto se le suma que Zaqueo era, según el texto, el jefe de los publicanos.

Yo no lo quisiera cerca mío, ¿y vos?

En la cultura de honor y vergüenza del Medio Oriente antiguo, la apariencia física y la dignidad pública lo eran todo. Un hombre de su posición, inmensamente rico, jamás se expondría al ridículo por su tamaño. ¿Qué llevó a un hombre rico, poderoso y odiado a hacer el ridículo públicamente solo para ver pasar a un rabino?

Quizás había escuchado rumores de que este Jesús de Nazaret no era como los fariseos; que este maestro recibía a los pecadores e incluso tenía a un ex publicano llamado Mateo entre sus discípulos más íntimos. Esa pequeña chispa de esperanza es lo que seguramente fue suficiente para romper su orgullo.

Zaqueo nos enseña de forma sencilla que a Jesús no se le puede encontrar desde una postura de orgullo. Mientras estemos preocupados por nosotros mismos estamos como bloqueados por una multitud. La verdadera transformación comienza en el punto exacto donde termina nuestra preocupación por el que dirán o las apariencias y nos jugamos el todo por el todo para encontrar a Jesús.

Hoy parece una historia lejana y sin coincidencias, pero es absolutamente vigente. Hoy nos confrontan estas preguntas: ¿Estás dispuesta/o a «hacer el ridículo», correrte de las costumbres o formas sociales para seguir a Jesús? ¿Cuál sería tu límite para exponerte al “ridículo” por tu Señor?

 

Ruth O. Herrera