Riegas la tierra

Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bienes, Y tus nubes destilan grosura.  Destilan sobre los pastizales del desierto, Y los collados se ciñen de alegría.  Se visten de manadas los llanos, Y los valles se cubren de grano; Dan voces de júbilo, y aun cantan.

Salmos 65:9-13 RVR60

Este poema es conocido también como el Salmo de la primavera. Algunos sugieren que es un canto de acción de gracias después de una sequía. Nuestro Dios se manifiesta especialmente con poder para bendecir cuando más lo necesitamos. En este caso hace que la tierra produzca fruto en abundancia.  En ese tiempo Asiria había ocupado la tierra y no se había podido realizar ninguna tarea de cultivo. Pero el año aún no había finalizado y el río del Señor está lleno de aguas, listas para descender sobre la tierra árida y regarla. Él mismo preparaba el grano, empapaba los surcos, los ablandaba con lluvias y bendecía los cultivos. Cuando Dios entra en acción, la sequía desaparece.

El profeta Isaías compara la fertilidad de la tierra con la obra contundente que realiza la palabra enviada por Dios. El poder de Su palabra siempre produce resultados. Es un principio divino de causa y efecto. Lo que el todopoderoso dice se cumple, en sus tiempos y de acuerdo con Su criterio que dista abismalmente del nuestro. Por eso el texto dice «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminosEl Señor ha dicho: «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes. »Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come,  así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié.

Isaías 55:8-11 RVC

Nosotros no le damos tanto valor a las palabras. Decimos que lo hacemos, pero en la práctica cotidiana demostramos que no. Hay un dicho que es ilustrativo al respecto “a las palabras se las lleva el viento” ¿por qué lo vivimos de esta manera? Porque sabemos que los seres humanos no siempre somos confiables ni consistentes. A veces hablamos por hablar; otras, lo hacemos por impulso; hasta podemos llegar a negar con nuestros hechos lo que decimos.

Dios no es así. Él mantiene Su palabra independientemente de las acciones de las personas. Por ejemplo, le prometió a Abraham un hijo. El patriarca le creyó a medias, y su esposa recurrió a las costumbres culturales de la época para hacer que la promesa se cumpliera. Así nació Ismael. A pesar de este error, tiempo después nació Isaac que es conocido como el hijo de la promesa.

mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié.

La palabra que Dios pronuncia no cae en el vacío. Está sometida a su autoridad perfecta. Hace lo que Él quiere y siempre tiene éxito en aquello para lo cual fue destinada.

En tiempos de sequía de la tierra ¿Dios puede intervenir en la naturaleza? Sí. Y puede revertir toda esterilidad. De hecho, esta es una de las bendiciones de la obediencia que aparece en la lista de Deuteronomio 28

Si escuchas la voz del Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti, y te alcanzarán: »Bendito serás tú en la ciudad, y bendito en el campo. »Bendito será el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, y las crías de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. »El Señor te abrirá su tesoro de bondad, que es el cielo, y en su tiempo te enviará la lluvia a tu tierra, y bendecirá todo lo que hagas con tus manos…

Deuteronomio 28: 2-4; 12ª RVC

Hoy es un día oportuno para que podamos orar a nuestro Papá no solo para que corte toda aridez espiritual, sino concretamente para que intervenga con poder en la naturaleza y envíe lluvia sobre nuestra tierra. Necesitamos creer que »El Señor te abrirá su tesoro de bondad, que es el cielo, y en su tiempo te enviará la lluvia a tu tierra,

 

Mónica Lemos