Abram le dijo a Lot: “Tú y yo no debemos pelearnos, ni tampoco mis pastores y tus pastores, pues somos parientes. Hay tierra para todos, te ruego que te vayas a otra región. Si te vas a la izquierda, yo me iré a la derecha; si te vas a la derecha, yo me iré a la izquierda. ¡Pero debemos separarnos!”
Génesis 13: 8 TLA
Miremos lo que pasó con Abram, aquel de quien hablamos el lunes, ¿se acuerdan? Resulta que, durante su peregrinaje con esposa, sobrino, siervos y animales, no todo fue siempre color de rosa. En Génesis 13 leemos que tanto Abram como Lot tenían muchos animales y pastores a cargo, y que eran tantos los animales, que las fricciones entre los pastores de uno y otro ya no les permitía vivir en la misma zona. ¿Qué solución encontraron?
Abram, siendo el jefe, bien podría haberse aprovechado de su autoridad, quedarse con la mejor tierra y echar a Lot a su suerte. No habría tenido nada de raro, y hasta era la conducta esperada. Pero no, lo dejó elegir primero, y Lot eligió un lugar donde nunca faltaba agua y con un valle “tan hermoso como el jardín del Edén y tan fértil como la tierra de Egipto” (Génesis 13: 10 – TLA). Abram se fue en la dirección opuesta.
El patriarca cedió y ¿qué pasó? Recibió una vez más la promesa de una descendencia tan numerosa como el polvo de la tierra, una descendencia incontable. La historia de Lot, por otro lado, no terminó tan bien… Es que Lot miró con los ojos viejos, con los ojos de la vieja cultura; pero Abram miró y decidió con ojos de fe.
Abram ya no miraba a través del lente de lo que había heredado, él miraba a través de los ojos de este “nuevo Dios” que se le había revelado. Su confianza no estaba más en lo que conocía desde siempre, su confianza estaba en Dios. Frente al conflicto, Abram no buscó el choque. Frente a la decisión, Abram cedió su turno para que otro escogiera primero.
Pedro, siguiendo la línea de Jesús, escribió muchos años más tarde en su carta:
Si alguien les hace algo malo, no hagan ustedes lo mismo; si alguien los insulta, no contesten con otro insulto. Al contrario, pídanle a Dios que bendiga a esas personas, pues él los eligió a ustedes para que reciban bendición.
1° Pedro 3: 8 – 9 TLA
Abram había sido escogido para heredar bendición, y esa bendición no dependía de él, dependía de Dios. Abram bendijo a Lot y así, fue bendecido él mismo.
Oro para que, en medio del cambio, del conflicto, del roce, vos también puedas recordar cada promesa que Dios te hizo. Oro para que puedas hacer tuya la promesa que Dios le hizo a Abram: fuimos llamados a recibir bendición y a ser bendición para otros.
Yanett Sokur
