Sabiduría

Presten atención, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero». ¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma. Lo que deberían decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello». 

Santiago 4: 13-15 NTV

(Énfasis del autor)

 

Este pasaje habla de lo impredecible de la vida y la incertidumbre del futuro.

Sabés que al creer en Jesús nuestra eternidad está resuelta, porque en Cristo la muerte fue vencida y tu vida no termina en el sepulcro. La Palabra de Dios afirma que vas a tener un cuerpo nuevo en los cielos, y así como Cristo resucitó vas a tener vida y para siempre.  Es maravilloso que cuando llegó Jesús a tu vida también llegó la eternidad con Él.  La tumba ya no representa lo  que el mundo ve, ni es el símbolo del fin de la existencia, porque el último aguijón ha sido vencido.

Cristo te dijo  y me dijo:Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá”. No hay ninguna duda de que ya está resuelto el futuro porque en el nombre de Jesús tu vida es eterna.

El desafío es cómo vivir y hacer que cada día valga ser vivido.

 

Haznos entender que la vida es corta, para así vivirla con sabiduría.

Salmo 92: 12 PDT

 

Este texto nos ayuda a pensar que no debemos tomar una decisión solamente por lo que hemos aprendido naturalmente sino que tenemos que involucrar a Dios, consultar Su voluntad. 

Estamos apurados u ocupados, preocupados por realizar proyectos, trabajando para progresar o subsistir y a veces no nos da el tiempo para afianzarnos en “la sabiduría de saber vivir”

¿Qué será de vos mañana? ¿Cuáles serán las decisiones que vas a tomar entre el hoy y el fin de tus días? Si sos joven o adolescente, ¿cuál será el rumbo más adecuado y cómo lo vas a transitar?

 

¡Qué bueno es cuando podemos planear y elaborar con detenimiento! Aunque después no todo salga como esperamos…

Algo que suele no fallar es el proponernos bendecir y servir a Dios sirviendo a otros. Me gusta mucho la simplicidad de la frase que dijo William Morris y a la vez es una meta que tengo que decidir constantemente.

 

«Pasaré por este mundo una sola vez. Si hay alguna palabra bondadosa que yo pueda pronunciar, alguna noble acción que yo pueda efectuar, diga yo esa palabra, haga yo esa acción ahora, pues no pasaré más por aquí…»

 

Creo que la clave está en el “ahora”, sin dilatar la decisión. Necesitamos vivir conscientes  de  lo importante de preguntarnos: ¿qué hice hoy para bendecir a otro? porque según Jesús nuestra vida es impredecible y el mañana que planeo no siempre llega… tal como lo pensé.

 

Sabemos cómo vivir si vivimos para Dios. Podemos ser ricos por su plenitud sabiendo que  un minuto es importante e invertirlo como Jesús nos enseñó. A veces perdemos mucho tiempo en cosas que no tienen importancia y  necesitamos reconocer lo importante de un minuto porque hay gente que vive sin Cristo y que la pasa mal. No solo importa que le prediques las leyes del evangelio… a lo mejor primero es necesario que le acerques un plato de comida. 

 

Un minuto que inviertas bien puede cambiar la vida de alguien, hacer una diferencia importante con quien no tiene esperanza en el futuro y solo deja pasar sus días. 

 

Vos y yo encontramos “el sentido de la vida”, pero si mañana les preguntás a diez personas cuál es el futuro que esperan o desean seguramente vas a descubrir diez razones por las cuales compartir la esperanza de la vida eterna. Tu incertidumbre fue clavada en la cruz y tu esperanza nació en la resurrección, y lo que vivís con naturalidad para otros es motivo de crisis y angustia. Hablar de lo eterno no pertenece a las charlas cotidianas, pero sí a las más necesarias. ¿Estás seguro de tu futuro?… COMPARTILO!! 

Ruth O. Herrera

  • Pidámosle al Padre que renueve en nosotros el fuego de la pasión por Él. Que nuestro caminar cristiano experimente un tiempo de avivamiento como nunca antes hayamos vivido.
  • Oremos para que el Señor nos muestre cuáles son aquellas cosas que hacen que el fuego de Dios se apague en nuestros corazones.
  • Clamemos al Señor para que su luz resplandezca a través de nosotros sobre nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y nuestras iglesias.