Sacrificio

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Romanos 12:1 RVR1960 


La historia muestra claramente que en la antigüedad los pueblos paganos ofrecían sacrificios de adultos y aún de niños al rey Moloc y a otras deidades.

Esa figura estaba impregnada entre aquellos que eran discípulos de Pablo, las conocían, por eso el apóstol quiso relacionar esa idea tan arraigada con lo que un cristiano debe hacer para quemar delante de la presencia de Dios todas aquellas cosas que en realidad nos separan

 de Él y no nos permiten agradarlo. Por eso él dice: “presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”.

En el Antiguo Testamento el libro de Jonás se refiere a Nínive, una ciudad que recibió la advertencia del profeta de parte de Dios de que sería destruida. El rey entendió que iba a venir una situación difícil para ellos porque Dios había mirado su pecado y decretó ayuno para todos los habitantes, personas y también animales. La idea era que todo debía ser presentado para que Dios tomara intervención.

Hoy estamos en otro tiempo, pero estas figuras nos ayudan a entender qué es lo que debemos presentar delante de la presencia de Dios para que sea quemado y sea agradable ante el Señor.

Pastor Milton Cariaga

El concepto de que hay que hacer algo que nos cueste, privarnos de alguna cosa para ganar la aprobación divina o para lograr que responda a una necesidad que tenemos está profundamente arraigado todavía en la actualidad. Tanto en los cultos paganos como en la religiosidad popular. En el interior de nuestro país coexisten las más variadas supersticiones y generan adhesiones muy fervientes aun de aquellos que dicen no creer en nada.

La propuesta del apóstol Pablo toma en cuenta esa idea que tiene vigencia hasta el día de hoy, pero le da un giro fundamental.

 «Presentadle a Dios vuestro cuerpo» -dice. No hay exigencia más característicamente cristiana… Eso es lo que nunca diría un griego. Para él, lo que importaba era el espíritu; el cuerpo no era más que una prisión, algo despreciable y vergonzoso. Pero el cristiano sabe que su cuerpo pertenece a Dios tanto como su alma, y que puede servir a Dios tanto con su cuerpo como con su mente o su espíritu. El cuerpo es el templo del Espíritu Santo y el instrumento con el que hace Su obra. Después de todo, el gran hecho de la Encarnación quiere decir básicamente que Dios no desdeñó asumir un cuerpo humano, vivir en él y obrar por medio de él.[…] La palabra del versículo 1 que hemos traducido por culto con la versión Reina-Valera tiene una historia interesante. Es latreía, el nombre correspondiente al verbo latréuein. En su origen, latréuein quería decir trabajar por la paga o el sueldo. Era la palabra que se usaba para un trabajador que daba su tiempo y esfuerzo a un contratista a cambio de un salario. No era el trabajo de un esclavo, sino una actividad voluntaria. De ahí pasó a significar servir en general; pero también aquello a lo que una persona dedica toda su vida… En la Biblia siempre se refiere al servicio y al culto a Dios. Aquí tenemos un hecho muy significativo: el verdadero culto es ofrecerle a Dios nuestro cuerpo y todo lo que hacemos con él todos los días (Comentario de William Barclay)

Para quienes leímos, escuchamos y hasta memorizamos este pasaje la palabra “sacrificio” tiene en general implícito el sentido de negación, obligación, privación, o sea que podemos llegar a vivir nuestro tiempo con Dios como una sentencia y nos privamos del disfrutar su amable Presencia. Por eso es bueno que recordemos que el presentar todo nuestro ser ante Papá es vivir tiempo de amor recíproco. Por eso el apóstol Pablo lo recomienda.

Nuestro culto personal es dedicarle toda nuestra vida, poner delante del Señor todo lo que somos, rendir las virtudes que podamos tener para que Él las utilice de acuerdo a su diseño original y también ofrecerle nuestras zonas oscuras para que sean alumbradas por Su luz y entonces puedan surgir los verdaderos cambios. Por eso hoy dale gracias a Papá porque contamos con el obrar constante del Espíritu iluminando lo que debemos cambiar… porque sin su asistencia no hay posibilidades de una real transformación.

Mónica Lemos