Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.
Filipenses 1:6 NTV
Dios no deja las cosas por la mitad, lo que comienza lo termina. Y en tu vida y la mía, si lo dejamos obrar, Él sigue trabajando hasta completarnos. Trabaja en una obra que es individual y muy particular que se entrelaza con su obrar a nuestro alrededor.
De algo podés estar seguro/a, que la obra personal de Dios en tu vida es especial y absoluta.
No importa en qué etapa de nuestra vida nos encontremos, Dios está trabajando en nosotros para conformarnos a la imagen de su amado Hijo, Jesucristo… esa es la Buena Obra de Dios en Nosotros.
Podemos sentirnos desanimados o preocupados por nuestros propios fracasos o debilidades que impiden que Papá siga trabajando, pero la verdad es que Dios nos ve como nos diseñó. Llegar a ser completos en su obrar es una tarea conjunta. Papá no te va a violentar ni obligar, pero te va rodeando y señalando el camino.
Él nos ve con amor y gracia, y está comprometido en completar la buena obra que comenzó. Esta promesa es una fuente de consuelo y fortaleza para nosotros en momentos difíciles y cuando las debilidades y tentaciones recurrentes nos molestan, distraen o confunden. Imagino que el apóstol Pablo se decía esto a sí mismo, una declaración para vivirla en medio de tiempos turbulentos.
Me acuerdo de cuando de chica y veía a mi papá diseñar los muebles que después hacía él mismo, a veces con maderas no muy fáciles de maniobrar. Fue el tiempo en que me enseñó a dibujar en perspectiva y primero pensar en el dibujo terminado. Definir el modelo y después plasmarlo en papel. Pero cuando lo hacía sola borraba una y otra vez hasta que la hoja se rompía… y cuando finalmente lo hacía papá, el diseño era perfecto. Después la madera sin forma se iba transformando en sillas, mesas, muebles moldeados y fileteados a mano… una obra única y especial. Aquellos diseños personalizados eran exclusivos y con detalles que no se repetían.
Durante toda mi infancia, en su fábrica, fui testigo de la transformación de tablas sin forma en muebles especiales.
Sea cual fuera la madera, yo sabía que con la obra terminada el resultado sería perfecto, así como somos transformados por el Espíritu Santo, cada día, cada circunstancia, a veces el dolor y otras la alegría, la debilidad convirtiéndose en fortaleza, con cada error perdonado y en cada victoria, el carpintero de Nazaret nos moldea a Su imagen.
Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.
2° Corintios 3: 18 NTV
Necesitamos creer y afianzarnos en la profunda confianza de que su obra en vos y en mí “se está cumpliendo”
Ruth O. Herrera
